¡¡Brindemos por el Año Nuevo!!

-Lo único que te pido Aparicio, es que no hables de política. Tus padres están muy viejos y no tienen por que bancarse en fin de año una discusión entre hermanos- le dijo la esposa bajándose del auto que lucía una hermosa calcomanía en el vidrio delantero: “Yo no los voté” y otra en el vidrio trasero: “Si no saben, dejen”.

Atrás de él, Fidel su cuñado, estacionaba una camioneta roja con una calcomanía en el parabrisas que no dejaba lugar a dudas: “Se acabó el reparto”. En el paragolpes trasero le había pintado: “A llorar al cuartito”.

-Fidel, te pido por favor que no discutas con Aparicio ni con Martha. Tengamos un fin de año en paz- aclaró también su mujer antes de bajar.

Adentro, en la casa de la hermana de ambos, los esperaba un mundo de turrones, sobrinos, sidras, tías gordas, pesebres y abuelos.

–¡¡¡Feliz año nuevooooo!!!– dijo Fidel a Aparicio y se confundieron en un abrazo en el medio de la calle.

–¡¡¡Cuñaaaaado!!! ¡¡Que el año que viene encuentre a nuestra familia unida como siempre!! –y le dio un beso cargado de afecto y de cariño.

A partir de ahí fue todo una confusión de abrazos, besos, niños en punta de pie para llegar a los cachetes, altos que se agachaban para besar a sus sobrinos, presentaciones de los novios nuevos de las nenas, consuegros que se daban las manos, concuñados que se palmeaban la espalda y adolescentes que golpeaban sus palmas como jugadores de básquetbol.

Todo era encuentro y familia.

–¡¡¡Feliz año nuevoooooo!!!– gritó Fidel levantando la botella de sidra que traía en su mano. ¡Festeje, familia, festej…!– y no pudo terminar la frase porque recibió un pellizcón de la mujer.

-¿Festejen? –preguntó Aparicio—Perdón… ¿tienen algo para festej..?– y un pisotón de su esposa le hizo meter la marcha atrás de apuro.

Los abuelos ya habían empezado con la pascualina y el vermucito. En el patio acercaban las sillas al fuego de manera de aliviar el fresquito que caía sobre sus cabezas.

Los tíos comenzaban a acomodarse en sillas, banquetas y cajones de bebidas.

Los gurises hacían saltar latas con cohetes que explotaban debajo de ellas.

Los más chicos enloquecían a los perros del vecino a cuetazo limpio.

El medio tanque con hielo parecía no dar abasto para recibir tanta botella que iba llegando.

El pinito de navidad con treinta años arriba sobrevivía desteñido; sólo había cambiado las velitas rojas de cera por las luces intermitentes.

–¿Te acordás lo que salían antes las luces del pinito?– recordó Marisa– Era de millonarios ponerle luces a los pinos. Y los chirimbolos eran de vidrio, si se te caía alguno, marchabas. Hacíamos guías con papel de cigarros y le poníamos algodón en las ramitas– le contaba a los niños que aguantaban los cuentos sólo para hacer tiempo para que la tía encontrara el encendedor dentro de la caótica cartera.

-No te vi bajar ni una botellita del auto- dijo Fidel tomando su primer trago.

-A mis padres, lo que necesiten; a la familia lo que merezca- contestó Aparicio riéndose y empinándose una petaca con escocés.

–¿Viste? –dijo Fidel acercándose a la jarra de clericó- ¿Viste que estamos haciendo cordero?

— ¿Y? – preguntó Aparicio probando la sidra de la copa de su mujer.

–Porque ustedes lo tuvieron ahí y nunca se animaron a agarrarlo. Nosotros a los corderos los echamos a la parrilla y a llorar al cuartito, porque no las tenemos de adorno como las del pinito de navidad– agregó Fidel y pidió pase para la cerveza helada.

–Fidel… por favor –dijo Martha –¿Por qué no cambiamos de tema que los abuelos están pasando bien?–y le dio un besito a una grappa con limón que tenía debajo de su banqueta.

–Dejalo, dejalo que se desahogue. Voy hasta el auto a buscar los cohetes. Andá sirviéndome un vinito blanco, cuñado.

–Si es blanco yo paso. A mí el blanco siempre me cayó mal. Y te voy a pedir que no tires cañitas voladoras que el compañero De los Santos pidió que tuviéramos cuidado con los incendios.

–¿Y vos pensás que no está suficientemente quemado como para preocuparse por los incendios?– dijo Aparicio bajando una pildorita con un trago de caipirinha.

-¡Aaah claaaaaro! ¿Vos no viste al Coqui hecho un spiedo cuando se iba? ¿Y en el gobierno nacional? ¡¡¡Rosadooooos!!! Eran una pandilla de colorados con vivos blancos.

–¿De qué hablan? –preguntó Don Luciano bajando su tercer vermucito.

–De Papá Noel, abuelo. Hablamos de Papá Noel… colorado con vivos blancos.

Los celulares no paraban de sonar, los adolescentes no dejaban de mandar y recibir mensajes de texto, de sacar fotos y de mirar el reloj para rajarse lo antes posible. Los abuelos se quejaban del volumen de la música que salía del radiograbador y Marcela le agregaba bastante sidra a la ensalada de frutas que preparaba en la pileta de la cocina.

Al regreso Aparicio alcanzó a escuchar a Fidel que les decía a sus padres y cuñadas:

–Es transparente, se acomodan muy pocos y por eso los tienen calientes.

–Dijimos que no hablábamos de política- volvió a aclarar la mujer de Fidel.

–¿Y?

–Les estás hablando a tus padres de la gestión de De los Santos.

–No– dijo Aparicio– ¿Transparente, se acomodan muy pocos y calientan bastante? Le está contando cómo son las paradas nuevas de ómnibus que se les ocurrieron a los genios municipales.

–¿No te gustan, Apacirio? ¿Extrañás las de antes? ¿Sabésss que yo extraño algunas cosas de cuando estaban …hic… ushtedes?– dijo Fidel regresando al clericó.

–Sí, me imagino. Extrañás las fiestas que orga… orza.. que ornagizábamos.

-Sí, sobre todo las de las cometas. ¡Qué increíble! ¡Cómo se terminaron las …hic…cometas cheeeee! –dijo volcando el vaso de clericó arriba de la mesa.

-¡¡¡Alegría, alegríaaaa!!!—gritó Martha, bajándose un whiscola– A prepararse que …hic…¡¡falta poco pada el año buevoooo!!

–¡¡Tengo un plan!!– gritó Fidel con una botella de amarga en la mano.

–Mientas no shea como el de emergencia– contestó el marido de Martha tomando del pico de una botella de vino rosado.

–¡En egermencia dejaron al país ustedes, los roshadooooos!–dijo Fidel agarrando a Aparicio que tropezaba con un escardillo.

–¡Ah…perdón, comandante Chavez…hic… persé que la culpa había shido del temporal!– ironizó Martha con un vasito de fernet en la mano– porque ustedes los tupamaros ahoda le echan la pulca de todo al temporal.

–Un pemtoral de… hic…votos se tagraron el 31 de ortube– dijo la mujer de Fidel sirviéndose una cañita con pitanga.

–¡¡¡Doce menos mieeeez!!!–gritó la abuela tomando un licorcito de huevo.

Las cañitas voladoras comenzaban a iluminar el cielo, los dedos pulgares se quemaban con los encendedores uno atrás de otro, los chasquibún apenas si conseguían escucharse, los vecinos alardeaban con mejores cohetes y mejores volcanes. Las botellas se vaciaban rápidamente para que sirvieran de base de lanzamiento de las cañitas. Los nenes orinaban en cuanto arbolito encontraban y a algún tío que no llegaba al baño también se le veía sacudir graciosamente contra los arbustos.

–¡¡Vooo…no hay nada más lindo que la familia Unita!! — cantó Aparicio sirviéndose cerveza en una maceta de plástico que era lo único que quedaba libre.

–¿Sos nabo vo? ¿Sos nabo?– preguntó algo dolorido Fidel por la patada, se bajó medio litro de espumante y le largó– Ushtedes muy unitos no essstán … hic … porque algugos están en cana.

–Mirá quien habla– dijo la mujer de Aparicio tomándose la salmuera de las aceitunas para usar el bollón como vaso ¿Por qué no… hic… cantáss un poquito “caaaambia todo cambiaaaaa” — canturreó, tropezó con una alfombra y quedó abrazada del pinito.

–¡Saquenlén una foto! ¡Saquenlén una foto!— gritó el abuelo tomando un mate de vino.

–Dejá, mejor liamá a Viliar que … hic… ahora descrubimos que por lo meno shabe shacar fotos, porque ante, poca cosa shabía hacer– dijo la mujer de Fidel tomando de la damajuana.

–¿A que no avidinás qué esssstaba gotofra…fogrotafiando Billiar? ¿Bistes la macrí…la malitucra…hic…la macrítuca del auto, gansho?

–¿No sabés que Villar liegó de carambola al nimisterio? Ahora son todos intesvig… ingesvistad…hic…investi…radogues…–dijo el primo de Fidel sacando las hortensias de un florero y sirviéndose vodka– Resulta que ahora saben en qué fecha …hic…se plantan las fglores, cómo se hacen las paradas y las callisas de los salvadivas, cuántos toncros carga un camión y a qué hora hay que regoquer la bashura, estúpido.

–¿Espútido quién? ¿De dónde saliste vos, quetrino? ¿Te garlaron con la ley de cárceles? — Preguntó Aparicio sirviéndose gin en el vaso de los cepillos de dientes.

–¿Por qué no te vas a Mansolier, pichón de …hic…Laga..gala..galarraña?

–No puedo ir por los piquetes– dijo volcando la botella de sidra arriba de la abuela.

–Y meno bas a poder ir ahora cuando Yordano haga la sentada en Grolero.

–No, petoludo, ese día no se sienta yordano, ese día se sientan los de Fumva– dijo Fidel tropezando con el vaso de grappa que estaba debajo de la sillita y cayendo sobre la hermana que estaba sentada en el suelo.

–¿Te creés que no nos dimos cuenta?– dijo la mujer de Aparicio– Metieron las plantas de cerlulosa y armaron quipetes …hic… para que no pasen, así los porteños tienguen que viajar con Polez Pena en Buquesbuzzz– dijo con intenciones de devolver una parte de lo que había tomado.

–¿Qué te pasha a vo? –dijo Fidel perdiendo la calma.

– -¡¡¡She mieneeeeee el doshmilsei!!! –gritó el abuelo ¡She miene el Feli saño nueboooo!!

Y volvieron los abrazos, los buenos deseos, el amor, el afecto, la familia unida una vez más y los gurises apenas pudieron… rajaron para los bailes.

Uno de los mayores…tal vez el más fresco les gritó cuando se iban:

–¡¡¡Yiquilines!!! ¡¡Muyayooooos!! …hic… ¡¡Ojo con el alcohol!! ¡¡No valian a tomar alcohol!!

–Lamel…lanment.. malen..lamentamlenbente los jóneves…hic… están tomando mucho alcohol… y después dicen esput…estudi…estupideces….hic.

–La juventú esta predida.

Marciano Durán

2006 Enero

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