¡Por fin lancé el libro!

El silencio era total.

Yo estaba atrás de las cortinas del escenario del Teatro de la Casa de la Cultura y no sabía lo que pasaba en la sala.

-¿Está llegando gente?- le pregunté a Juan con los primeros nervios de la noche.

-Poca- me dijo, evitando mi mirada.

-¿Qué es poca?

– Hay dos señoras con cara de haberse equivocado de lugar y para hacer número le pedimos al cuidacoches que se sentara adelante.

-¿Y ese humo? -pregunté tosiendo.

-Es el manicero, le dijimos que entrara pero no quiere dejar el carrito afuera porque dice que se lo van a robar. ¿Qué podemos hacer para mejorar esto?- me preguntó con ganas de llorar.

El silencio era total.

Yo estaba atrás de las cortinas del escenario del Teatro de la Casa de la Cultura y no sabía lo que pasaba en la sala.

-¿Está llegando gente?- le pregunté a Juan con los primeros nervios de la noche.

-Poca- me dijo, evitando mi mirada.

-¿Qué es poca?

– Hay dos señoras con cara de haberse equivocado de lugar y para hacer número le pedimos al cuidacoches que se sentara adelante.

-¿Y ese humo? -pregunté tosiendo.

-Es el manicero, le dijimos que entrara pero no quiere dejar el carrito afuera porque dice que se lo van a robar. ¿Qué podemos hacer para mejorar esto?- me preguntó con ganas de llorar.

-No te preocupés. Uno de los problemas es que hay sesión de la Junta y eso nos saca público. Recién llamé y dije que había una bomba. Seguro que se suspende.

-¡Aguantemos un poco para empezar!- dijo Jacqueline entrando con cara de haber pisado algo.

-Le erramos de día para hacer esto- les dije – tendríamos que haber pensado en la televisación del partido de Uruguay.

-Pero… si el partido es el sábado- dijo Víctor

-Por eso, hay que empezar a hacer los espectáculos cuando pasan por tele los partidos de la selección, es cuando la gente raja de la casa y se mete a ver cualquier porquería con tal de no ver a Uruguay.

-Mirá- dijo Juan – lo de la amenaza de bomba te dio resultado.

-¿Cómo sabés?

-Entró un petiso, ese es el que va siempre a la junta. Los jodimos, les sacamos el público.

-¿En qué le erramos Juan, en qué le erramos? -pregunté sacudiendo la cabeza.

-No te calentés- me dijo para tranquilizarme- lo que pasa es que está friazo y la gente no sale la calle.

– ¡Eso! Tendríamos que haberle pedido a Vázquez Melo que anunciara vientos y lluvia. Por ahí la gente se animaba y salía a caminar confiando que iba a estar lindo. ¿Qué hacemos Juan? ¿Cuántos caben en la sala?

-Sentados 150 , pero poniendo gente en los pasillos y agregado sillas entran 250.

-¿Y ahora cuántos hay?

-Cinco. Vamos a aguantarnos un poco a ver si vienen por lo menos tus parientes.¿Tu mujer no viene?

-No. No nos hablamos desde el otro libro.

-Pero eso fue hace dos años.

– Si…pero a mí me gusta más escribir.

-Te llaman de la radio, te quieren hacer una nota antes de empezar- me dijo Jacqueline que acompañaba al Hugo hasta donde yo estaba.

Me puso al aire con Julio:

–¿Cómo estás, Marciano? -me preguntó.

-Solo- le dije y Juan me pellizcó.

-Sólo a los grandes escritores nos pasa esto Julio. Esto de estar rodeados de tanta gente- le dije y el Hugo miraba para todos lados para ver a quien me refería.

-Escribir un libro es como tener un hijo- me dijo.

-No – le contesté- por ocho razones:

1) Al libro lo hice sentado en el comedor con cosas que se me ocurren cuando nos acostamos y en cambio a mis hijos los hicimos acostados con cosas que se ocurren sentado en el comedor.

2) A mis libros mi mujer nunca les dio teta

3) Nunca tuve que ir de madrugada a buscar un libro a un cumpleaños de 15.

4) Apenas termino de hacer un libro me aparecen más ganas de escribir otro, pero cuando hacemos los nenes no me da para repetir mucho

5) Si a un libro le pongo un forro queda más bonito, sin embargo si yo…- y ahí se cortaba y Julio no me recibía bien.

-Tengo menos retorno que público- le dije al Hugo.

6) Cuando estoy haciendo el libro me apoyo en los lectores, con los nenes me pasa distinto, me apoyo más en las lectoras

7) A los libros se los llevan y no me los devuelven, sin embargo todavía no me he podido sacar un solo nene de encima y…

8) … lo más importante: En los libros soy de prólogos cortos, varios capítulos y final anunciado, pero me pasa todo lo contrario en…- y se me volvió a cortar.

Los de la televisión vinieron a hacerme una nota y lo primero que me preguntaron fue:

–¿Y el público?

– Se lo presento- le dije a la chica señalando al manicero que se asomaba a preguntar si demoraba mucho en empezar

Diego vino a avisarme que consiguió meter a prepo a un viejo que pasaba para el hospital.

-Es acá- le dijo y lo empujó para adentro. -El doctor lo está esperando- y lo redujeron entre dos. El viejo se resistió bastante hasta que Karina dijo las palabras mágicas: adentro hay comida

-¿Cuántos hay?- pregunté.

-Contándonos a nosotros, ocho- dijo Juan –empecemos.

Diego empezó a hablar y el Director de Cultura y Leandro Scasso se sentaron a mi lado. Ahí me di cuenta de que había más gente arriba del escenario que abajo. Les pedí que se sentaran en las butacas, que hablaran desde allí y que evitaran aplaudirse al terminar. El sector de la izquierda no estaba vacío. A último momento y de mala gana aparecieron mis padres, porque les dije que si iban les devolvía los 200 pesos y la asadera que me habían prestado.

Adelante tenía al manicero conversando con el cuidacoches y a mi nieta que no paraba de darle a los maníes. A la derecha se sentaron Eduardo, Leandro, Jacqueline, Karina, Víctor, el viejo del hospital y una pareja con casco de moto que me emocionaron realmente por que nadie los obligó a entrar y estaban allí compartiendo esa noche tan especial para mí.

-Buenas noches querido público, gracias papá por venir, gracias mamá, callate Pilar, aflojale al humo de los maníes morocho…no, no…no te enojes, no es para que te vayas.-

Cuando iba a dirigirme a la agradable pareja que estaba con casco puesto, cuando iba a decirles que mi corazón se estremecía al verlos, se me acercó Juan y en secreto me dijo que se trataba del Cotorra Loca y el Israelí vestido de mujer que se habían rajado del Penal.

-Dejalos- les dije –no digas nada, si los vienen a buscar bajamos otra vez a seis. Aparte nunca sabremos si se lo llevan presos o si ellos mismos se hacen venir a rescatar por dos oficiales con una carta para salvarse de la lectura de las crónicas-

Hice como que no los conocía y me limité a decir : Se me escapan, se me fugan, huyen mis palabras cuando quiero agradecer vuestra presencia.

-Gracias Mary por tanto amor- le dije a mi mujer que llegaba a las corridas con el delantal puesto todavía.

– No, viejo- me contestó -no puedo quedarme. Vine a avisarte que si llegás a vender algún libro me lleves un paquete de fideos, papel higiénico y un litro de vino. ¡Pensar que con el otro libro no daba ni para los fideos!. Disculpame que no me quede pero en la tele están por reiterar Uruguay Montevideo – La luz ¡Un partidazo!

-Gracias a los señores que están entrando en este momento, gracias por venir- le dije a uno de lentes de aumento que me empezó a mirar de pesado.

-Gracias hacen lo monos- me dijo – venimos a cobrar los sandwiches y si parás con la pavada que estás leyendo te lo agradecemos porque tenemos que ir cubrir un Congreso Departamental del Partido Liberal que tiene el doble de gente que vos…banana. ¿Por qué no hiciste esto el 9 de noche que se adelanta la hora así empezaba y terminaba a la vez, papa frita?

-¿Y vos por qué no vas a cobrar donde cayó el avión, melón?- guapié confiado en que alguno apartaría.

El tipo miró al que lo acompañaba y le dijo:

-¿Sabés cómo le dicen a este imbécil? Reforma del Centro…nace en Florida, es lento, oscuro y molesto.

Ahí el tipo se me vino al escenario así que le pregunté si quería que le firmara un libro.

-Un cheque firmame, nabo con corbata. Y apurate porque lo que va a ser crónica es la hinchazón!

No hay caso, es como dice Leandro: a mí, hay gente que no me entiende.

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