Crónica de cómo un perejil intenta hacer sombra entre los eucaliptos.

Palabras previas a la presentación de “La Cuestión es darse maña” en la 32 Feria del Libro en Montevideo el viernes 4 de setiembre.

Crónica de cómo un perejil intenta hacer sombra entre los eucaliptos.

Buenas noches a todas y a todos (así hay que decir ahora. Y ojo, si te olvidás salís en la República de la Mujeres), mi nombre es Marciano y lamento desilusionarlos: No llego del planeta Marte, no vine en un plato volador y no tengo antenitas.
Vengo de Punta del Este (donde vivo y trabajo) y allí volveré en un rato por tierra. Como podrán observar mi piel no es de color verde.
Es que la cuestión es darse maña para entreverarse en estas actividades a pesar de mi oscuro pasado de cronista de humor.

Y esa es la gran pregunta, no de donde viene este tipo, sino cómo diablos llegó este perejil a entreverarse entre tanto eucalipto, fresnos, abetos y secuoyas gigantes.
Como se les coló.

Miren…en Maldonado, en este mismo instante se está desarrollando El Cuarto Encuentro de Escrituras denominado “Reuniendo la Diversidad”.
Escritores de distintos países.
Hasta la hija de Alberti.
Y aunque ustedes no lo crean, hace un par de días me tocó el horario central del día de la inauguración.
Síííí, a este morocho pelado que escribe crónicas de humor.

¿Cómo fue?
Gracias a un par de micrófonos que escondí en la Casa de la Cultura de Maldonado pude enterarme que los organizadores de ese encuentro estuvieron una semana entera tratando de decidir si me invitaban o no.
Yo los escuchaba desde casa todos los días a las 19 horas.
Abandoné los informes policiales con musiquita de Telenoche 4 por ellos.

Una vez incluso me metí en un placar que hay en el despacho de la Directora de Cultura.
Fueron seis días seguidos y siempre tenían el mismo orden del día:

Comenzamos compañeros, decía Luis Pereyra, el organizador. Primer y único punto del orden del día de hoy: “Necesito una razón para invitar a Marciano a un encuentro de escritores”.

-Su prosa, dijo uno.

–¡No tiene ni idea lo que es prosa! – gritó un funcionario mientras ojeaba una Para Tí.

–Su cadencia- dijo el mozo que llegaba con el café.

–Nunca tuvo, y si llega a tener cadencia que baile, que lo inviten en una comparsa, que salga con Canela- contestó un profesor de literatura.

-Una, una sola razón, una sola razón- repetía un docente mientras caminaba como un león enjaulado.

–Su originalidad—dijo un maestro amigo que acertaba a pasar por el despacho.

–Es un plagio continuo- contestó alguien a quien no le pude identificar la voz. Ese tipo es un plagio con patas, a un libro le puso de nombre Crónicas Marcianas y a otro El Código Blanes. Tiene menos creatividad que la Juventud del Partido Independiente.

La frustración campeaba, la desazón se adueñaba de los organizadores, el “no” comenzaba a sobrevolar la Casa de la Cultura en Maldonado hasta que alguien, sostienen que no fue Pereyra dijo:

–Y bueno, no lo invitamos y ya está.

–Pero vendió como 20.000 libros.

–Entonces le decimos que el año que viene lo invitamos.

–Eso ya se lo dijimos el año pasado.

–Y el año anterior– agregó la Directora.

–No se olviden que en el 2007 cuando ganó el Libro de Oro, nos llamó para saber si estaba invitado.

–¿Y qué le dijimos?– intentó recordar Pereyra.

–De apuro le pusimos de nombre “Segundo encuentro de escrituras Cruzando el puente” Y le explicamos que había que cruzar un puente y que desde Punta del Este hasta la casa de la Cultura en Maldonado no hay puentes, que lamentablemente no podíamos invitarlo.

Y el viernes cuando estaba a punto de volver a los brazos de Telemorbo 4, justo justo sobre la hora de cierre de programa apareció la solución.

–Y si en vez de llamarlo “Cuarto Encuentro de Escritores” le ponemos “Reuniendo la diversidad”.

–¡Sííííí!´- gritó una docente saltando de su silla. Ahí cabe todo. ¡Diversidad!- repetía… podríamos incluso agregar payadores, traductores y hasta politólogos.

–Tampoco la pavada- dijo un escritor.

-¡Síííí!- gritaba Pereyra. ¡Diversidad!- repetía….cabe todo, hasta un cronista de semanarios de humor. Podríamos incluso invitar titiriteros, salvavidas, alcanzapelotas y jóvenes de la 609 para que repartan preservativos.

–Sáquenle el vino- dijo la directora en voz muy baja, pero yo alcancé a escucharla.

Y allá estuve…entre escritores de verdad, poetas de carne y hueso y literatos que salen todos los viernes en el País Cultural, en Sopa de Letras y hasta escritores que aparecen en Eñe.
Andaban todos cerquita.
Y yo mezclado.
Incluso en la inauguración toqué a uno.
Intenté tocar a una escritora argentina, pero mi mujer no me sacaba los ojos de encima.

Como si fuera poco mérito ser distinguido miembro de ese distinguido encuentro logré meterme también en esta Feria del Libro.
¡Montevideo!
¡Salón Rojo!
¡Intendencia Municipal!
¡Carlos Maggi, un sociólogo francés,la cuestión es darse maña y homenaje a Onetti!
¡Si lo cuento en mi barrio no me creen!

¿Cómo llegué hasta acá?
A ustedes se los puedo decir si me prometen no hacer declaraciones a los medios de prensa que quieren hundir a la izquierda. A ustedes les puedo contar como hice para meterme en la Feria el Libro: Me hice pasar por Jorge Vazquez. Llamé y dije que tenía un escritor muy bueno para presentar un libro. El resto fue fácil. Cada vez que llamaba Boris Faingola mi mujer atendía el teléfono y les decía que estaba escribiendo un libro nuevo y no podía atenderlos.
Me cuidé de no pedir una latop por tres cosas. Primero para que no se avivaran, segundo porque yo uso la del Plan Ceibal de mi nieta y tercero porque para sacarle los pasajes y el peaje a esta gente tenes que ser Pelé, Maradona y Julio Rivas juntos.

Pero… ¿qué le pasó a este país que se distrajeron un poquito los críticos literarios y un cronista de humor se les metió por la banderola?
Convengamos, no está bien visto que un ex telegrafista del ferrocarril, portero de edificio ande vendiendo libros por fuera de la academia y de las grandes editoriales.
Ustedes saben que soy portero de un edificio en Punta del Este.
Bueno… hoy vine a dar esta charla en la media hora libre del edificio.
Recién me llamaron para avisarme que tengo una doña encerrada en el ascensor.
O sea, que vamos a apurarnos un poco.
No está bien visto en este país que un tipo así ande vendiendo libros por el mundo.

¿Por qué?
Porque la crónica está considerada por una parte de la intelectualidad compatriota como un género menor, tanto en quienes las escriben como en quienes las leen.
Las Rico Tipo del siglo XXI.
Los Paturuzó sin dibujitos.
La cumbia villera de la literatura.
The Villera-lit podría ser una buena definición.
La versión uruguaya de The street Lit.
Es decir, está bueno para los diarios, para los semanarios o para internet…pero ¿Qué eso de andar vendiendo libros en las librerías, señor?

Bien… veamos… ¿qué es una crónica?
Una crónica es una obra literaria que narra hechos históricos en orden cronológico.
Y eso es lo que hemos estado haciendo en los últimos años.
Dice la definición que “en la crónica se utiliza un lenguaje sencillo, directo, muy personal y admite un lenguaje literario con uso reiterativo de adjetivos para hacer énfasis en las descripciones. La crónica lleva cierto distanciamiento temporal a lo que se le llama escritos históricos”.

A ver, como se dice ahora.
Cuando te van a aplicar la masa empiezan siempre con “A ver”…
Distancia de los escritos históricos, lenguaje más sencillo que un dúo entre el Hugo de León y el Pepe Mujica, uso reiterativo de adjetivos como Juan Carlos Cselza… uso y abuso de adjetivos como Giordano en los desfiles.
Dicen que la crónica es un género híbrido, entre literatura y periodismo. Algo así como la hija de una ameba y una aguaviva.
Dicen que circula en diarios y revistas, y a veces es rescatada de ese formato perecedero en recopilaciones que se publican como libros.
Un asco.

¿Qué está haciendo un tipo que usa y abusa de adjetivos en el Salón Rojo de la Intendencia?
¿Cómo diablos llegó a esta feria un pelado de lenguaje sencillo?
¿Qué está haciendo este morocho de formato perecedero colado en una Feria del Libro?
¡Controlen la puerta!
¡Ojo Erlich, ojo De los Santos han caído gobiernos por cuestiones menores!

Pues….allá en Maldonado le dimos sentido al título REUNIENDO LA DIVERSIDAD. Somos la diversidad.
Sin nuestra presencia el encuentro debió llamarse simplemente “Reuniendo”.
Somos la diversidad.
El negro y el mellado, la embarazada y el homosexual, el judío y la gorda, el tartamudo y la mucama, el indio y el afgano.
¡Somos la diversidad!

Y como si cronista fuera poco…cronista de humor.
¿Qué pasó en la cátedra?
No hace mucho un intelectual compatriota de Maldonado se estremeció cuando se enteró que se puede vivir de escribir estos textos de lenguaje sencillo.
Hace poco un intelectual de Maldonado que nunca había escrito un libro se brotó cuando uno de nuestros libros llegó a la edición número 13 y dijo que (sic) “esto nos habla de una carencia de nuestros lectores, una carencia que, según he visto, atraviesa todos los grupos sociales” y agregó “el éxito de la venta de este señor es la miseria del lector medio uruguayo.

La literatura uruguaya se fue al carajo.
Cualquier negrito se les entrevera.
¡Controles por favor!
¡Se metió un curandero en la Facultad de Medicina!
Se les coló un grafitero en el Louvre.
¡Ojo!
¡Hay un murguista en la Filarmónica de Berlin!
¡Que bajo ha caído este gobierno de izquierda!
Y todavía sueñan con cinco años más.

¡Interpelación Gandini, interpelación ya!
¡Se metió un frankfrutero en el Conrad!
¡Llegó un cronista de medio pelo a una Feria del Libro!
Ta, es cierto que este año la feria cayó bastante: Sanguinetti, Lacalle y Mujica en una sola semana. Pero…con el cronista se pasaron para el otro lado.

Dice una definición de crónica que me gusta mucho:
“Fotografía de lo que ocurre en la vida de las gentes y las comunidades que viven con sencillez, narrada de modo sencillo para que sea entendida y comprendida por todos. Esta permite desglosar la vida de la gente, con sus dichas y desdichas, alegrías y tristezas, fracasos y triunfos. Un relato social, antropológico y sicológico de las personas”.

Eso pretende ser lo que hacemos. Ya lo dijo Nestor Ortiz una vez, nosotros nos sentamos a escribir en el banco en que se sientan a leer los demás.

Pero…
¿Qué es eso de escribir libros si solamente hicieron un taller literario por correspondencia?
¡Escritores Pitman!

Se revuelve en la tumba Borges porque se le coló un cronista en su Centro cultural de Buenos Aires.
¡Están vendiendo refuerzos de mortadela en el Bungalow Suizo!
¡Entró un tipo de alpargatas al shopping!
Alguien que los pare.

Pero…y si la pregunta fuera:
¿Para qué escribe el que escribe?
Y si la respuesta fuera: Para que lo lean.
Y si lo importante fuera eso: que lo lean.
¿Y si un tipo se siente feliz escribiendo y otro tipo se siente feliz leyéndolo?
¿Alguien tiene derecho a meterse entre los dos, sólo porque conoce de memoria a Derrida y a Eco o recita a Williams y a Stevens?

Reuniendo la diversidad, dándole razón al título, allá estuvimos y acá estamos, defendiendo a todos y a cada uno de los cronistas de nuestro país.
A todos y cada uno de los que se comunican desde lo más profundo de su ser y consiguen llegar a lo más profundo de los lectores.
Con el lenguaje que puedan.
Defendiendo el humor como un derecho humano.
Acá estamos defendiendo la alegría.
Apostando fuertemente al derecho a la risa aún en las situaciones más jodidas.
Defendiendo el derecho al paréntesis.
Defendiendo la alegría como una bandera
defendiéndola del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias, junto a Mario

Defendiendo a aquellos que son capaces de llegar hasta el otro, desde el Taller Literario o desde el taller mecánico, desde la Universidad o desde la diversidad, desde la Feria del Libro o desde la feria del domingo, desde el Seminario o desde el semanario.
Una lombriz en el serpentario, un renacuajo entre los dinosaurios… un perejil entre los eucaliptos.

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