¿Te acordás, hermano, qué puchos aquellos?

Cuando me enteré de que iban a aplicar medidas para restringir el consumo de tabaco imaginé otro final.

Hace unos años cuando empezaron en otros países con este tema no pensé que los gobiernos llegarían tan lejos ni que los fumadores llegarían tan cerca.

–Vas a ver que en Uruguay ningún gobierno se anima a hacer nada parecido– dije a mi mujer por esos días.

Y se animaron.

–Vas a ver que a los fumadores compatriotas les sale el indio y ocupan el parlamento, el Ministerio de Salud Pública y la chacra de Mujica.

Y ocuparon la vereda y los patiecitos.

Lo que pasa es que yo crecí viendo los póster de James Dean con el cigarro en la boca y un sello de “Rebelde sin Causa” en la frente.

Y mi vida trascurrió viendo fumar a John Wayne, Omar Gutiérrez, Burt Lancaster, el contador Damiani y Henry Fonda.

Todos querían ser como el rubio de Camel.

(¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquellos!)

En esa época de gurí, relacioné el cigarrillo con la rebeldía, la guapeza y la anarquía.

Y nada más lejos que esas tres cosas juntas para andar cumpliendo leyes y decretos.

Después supe de gauchos corajudos con el cigarro en la boca, de malevos que en los duelos criollos no largaban el pucho ni para escupir y de tahúres escondidos atrás del humo que flotaba sobre la mesa de juego.

¡Aaaah, machos!

Ahora… imaginate la escena:

Guapo de los de antes bajo el farol.

Ala del sombrero caída sobre la frente.

Cicatriz de un corte en el pómulo derecho.

Golilla al cuello.

Pañuelo asomando del bolsillo del saco.

Cuchillo a la cintura.

Mandando un mensaje de texto y fumando apurado en la vereda, porque adentro hay una señora de la Comisión Fomento que no lo deja.

¡Andááááá!

(Eran otros hombres, más hombres los nuestros)

¿Dónde quedó la garra charrúa?

¿Los has visto últimamente?

En asamblea nunca convocada ni realizada, han resuelto por mayoría absoluta acatar colectivamente las disposiciones presidenciales.

¡Ojo! ¡No es para dar manija! ¡No me interesa comerme nueve meses en cana por escribir pavadas!

Yo digo lo que veo.

¿Dónde están fumadores de entonces, barra vieja de ayer? ¿Dónde están?

¿Los han visto últimamente?

Forman parte del nuevo paisaje urbano uruguayo.

Diplomáticos y enfermeras, chorros y religiosos, dentistas y feriantes, timberos y profesores de literatura, cajeras y piqueteros, senadores y proxenetas.

¡Todos! Todos han ocupado las veredas y los patios.

Prolijitos, en grupos, en los recreos, solos, en los descansos, en tríos, en los intervalos.

Sin alterar el orden, sin molestar a nadie.

Sosegados.

Prolijitos.

Obedientes.

(¡Veinticinco abriles que no volverán!)

Ellas: Cartera colgada del hombro, codo derecho apoyado en palma de mano izquierda, pitando rápido y profundo, quemando el cigarro, dejando la brasa al rojo vivo sin importarle el cáncer propio pero cuidándole el cáncer a los demás.

(¿Dónde están las mujeres aquellas?)

Ellos: Sentados, desgarbados, piernas abiertas, cigarro agarrado con el pulgar y el índice, como diciendo: “fumo afuera porque quiero, no porque me manden”.

(¿Dónde están los muchachos de entonces?)

Está cambiando la identidad del paisito.

Son parte del nuevo paisaje uruguayo.

Es lo que antes no había en la calle y ahora sí, como los cuidacoches, los semáforos o los repartidores de pizza.

Si están en un bar, salen a fumar aunque se les enfríe el café o se les caliente la cerveza.

Si están en el trabajo, miran el reloj permanentemente esperando el corte programado para prender un cigarro.

Como si fueran delincuentes se esconden en los baños y prenden un cigarrillo. Abren la banderola y con la carpeta tratan de despejar el humo y el olor. Mastican un chicle de menta y salen del baño con cara de haber escondido un cadáver.

Si están en una discoteca, cada tres temas salen a fumar.

El otro día fui al kiosco y el kiosquero estaba afuera, en la vereda.

Hacía frío, estaba sólo, nadie lo veía, lloviznaba y él cumplía estrictamente con las disposiciones presidenciales.

Respetuoso y uruguayo, ahora que dice… “el kiosquero fumador”.

Tenés un kiosco, esperás toda la tarde a que caiga un miserable cliente. Salís, mirás para la derecha, para la izquierda, para una esquina, para la otra…ni los perros.

Entonces prendés uno y… ¡zas…! aparece una vieja a jugarte dos pesos a la quiniela.

Si en vez de kiosco tenés taxímetro, prendés un pucho y un pelado te toma el taxi hasta la esquina.

Si sos almacenero prendés el primero de la mañana porque nadie entra antes de las 8 y ¡zas…! aparece un tipo, lo apagás, entrás y el veterano te pregunta donde queda la parada del ómnibus.

–¿El diario? Recién prendí el cigarro ¿No te animás a agarrarlo vos? Allí, atrás de aquellas revistas. Dejame el dinero en la cajita de lata, haceme el favor.

Otra novedad en las relaciones humanas orientales. La última del 2006: ¡Comercios atendidos por sus propios clientes!

Sucede que “los fumadores de vereda” descubrieron que si apagan el cigarro cada vez que aparece un cliente, necesitan cinco cajas por día.

–¿Qué número calza, jefe? Esos… los del tercer estante…no, no, los de la caja marrón. Esos. Ochocientos noventa pesos. A ver, venga hasta acá afuera caminando….sí, le quedan bien. ¿No me deja el dinero en la mesita? Gracias. ¿Se los quiere envolver para regalo?

–Ahí a su derecha está la bola de lomo. Vaya cortando de ahí. ¡Ojo doña que tiene un filo bárbaro! Eso ha de ser un kilo más o menos. Ya se las tiernizo. ¿No se anima a prenderme la sierra así le corto el asado?

En los restaurantes terminan de comer antes que los demás y arrancan desesperadamente para afuera.

Mientras tanto, otros resuelven quedarse los sábados en sus casas para disfrutar de una noche de cigarrillo, fumando uno atrás de otro. Algo así como la “Operación retorno al hogar” o “dejemos de repartir cáncer a los desconocidos que llegó la hora de promover el cáncer familiar”.

–Agarre el bisturí. Señor. No, el bisturí es el larguito…ese…. Siéntese tranquilo que está con anestesia local, siéntese sin miedo, apoye con cuidado la puntita…más abajo…eso es…empiece a cortar con mucho cuidado… yo ya termino el cigarro y le coso bien.

¡¿Qué pasó con la rebeldía?!

¡¿Qué paso con la garra charrúa?!

¡¿Dónde quedó Maracaná?!

(Barra antigua de ayer ¿dónde está?)

¿Y ahora? ¿Qué se viene ahora? ¿Cuál será el próximo escenario de este país?

Visto y considerando el alto nivel de acatamiento, esto no parece tener marcha atrás.

Así que…los empleados públicos fumadores saldrán a la vereda a prender sus seis cigarros diarios, a cuarenta pesos la hora, pagaremos entre todos 130.000 dólares por día, unos 30 palitos verdes por año.

En los boliches habrá más gente afuera que adentro, repartirán walkman para que bailen y fumen en la vereda.

(Se formará rueda pa’ verla bailar)

Inventarán chimeneas largas individuales con conexión al exterior.

Se revalorizarán los últimos pisos y los locales de planta baja donde se puedan hacer patios interiores.

Los casinos privados se querrán ir del país si no les habilitan salas de fumadores.

La gente se meterá en las embajadas, en las zonas francas, en los free shop y en cualquier lugar donde no rijan las leyes uruguayas.

Las ferias vecinales serán más atractivas que los shopping.

En el Chuy y en Rivera se instalarán restaurantes justo en la linez divisoria, con mesas para fumadores del lado de Brasil.

Algunos cultos permitirán fumar en el templo para ganar adeptos.

Las mejores cosas sucederán afuera de los establecimientos y nadie querrá entrar a un lugar donde no pasa nada. Será más entretenido y más barato estar afuera.

La gente volverá al fútbol porque será uno de los pocos lugares donde se pueda echar humo.

Los vecinos de las discotecas presentarán demandas contra los locales que envían a los fumadores a conversar junto a la ventana del dormitorio.

Sacarán a los presos a fumar en la vereda.

Alguien inventará una burbuja (como la película de Travolta) y la gente andará fumando por los restaurantes dentro de una burbuja.

Los boliches venderán paraguas para los días de lluvia y los paragüeros se llenarán de guita.

Se te meterán al motel a ver si prendiste el cigarro del “después de”.

Se promoverá la “Moda Básquetbol” que parte en cuatro los espectáculos para permitir más entretiempos.

Como se viene el frío, la lluvia y el viento, además de fumadores con cáncer tendremos fumadores con neumonía y congestión por fumar afuera.

Los “No fumadores” de las oficinas públicas pedirán para salir el mismo tiempo que salen los fumadores y tendremos que pagar 30 millones de dólares más.

Las cosas más importantes de este país se resolverán en la vereda. En la Junta y en el Parlamento decidirán afuera y entrarán solo a votar.

Se rearmarán los matrimonios entre fumadores y la mujer del Cacho terminará arreglada con el esposo de la Negra de tanto encontrarse en la vereda.

En los juzgados se juntarán a fumar en el patio el juez, el abogado defensor de la víctima y el criminal y entre los tres fumadores mandarán en cana a la víctima.

La gente aprovechará a hablar mal de los que salen a fumar y recibirán la culpa de muchas cosas que sucedieron ese día.

Los comercios inventarán patiecitos, balcones, miradores, galerías, azoteas, plataformas, glorietas y terracitas.

Los sicólogos empezarán a trabajar con los sumisos, obedientes, disciplinados, doblegados y manejables fumadores y las…esteee… tengo que terminar el artículo por acá.

Estoy escribiendo en la vereda, fumando un cigarrito y se largó a llover….apenas pueda la sigo… ahora me parece que…

…doy vuelta la cara y me pongo a llorar.

Marciano Durán

2006 Abril

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