-“Mamaaaá! ¿me ayudás con la monografía?”

-“Mamaaaá! ¿me ayudás con la monografía?”

gritó Luciana entrando a su casa mientras dejaba que la puerta cerrara con un golpe a sus espaldas.

-“¿La mono qué?”- dijo Graciela desde la cocina mientras tapaba el tacho con la mano derecha, cerraba la canilla con la izquierda, hamacaba a Martincito con el pie derecho, cerraba la heladera con el pie izquierdo y hablaba con el inalámbrico aguantándolo contra la oreja con el hombro derecho.

-“¿Si me ayudás con la monografía de Justiniano Arrascachitaaa!!” gritó Luciana tirando la mochila sobre la silla.

-“Ssssi… te dejo mamá…si….si..si…. tu nieto llora, y…si…s…. llegó tu nieta y me dice algo de un mono o de la mona chita o algo así”- dijo Graciela buscando un lugar donde apoyar el teléfono.
-“Monografía mamá, mo-no-gra-fía!!!”- silabeó mal y con suficiencia tirando la túnica como si fuera viernes y sentándose como si fuera restaurante.

-“¿Vos no hacías monografías cuando eras chica?.”-

-“No mi amor, es mas, ni siquiera sé lo que es eso?”- dijo Graciela con voz de ignorante buscada expresamente para la ocasión. -“Y si no es mucha molestia me gustaría que me lo expliques”-

-“Mamaaaá! ¿me ayudás con la monografía?”

gritó Luciana entrando a su casa mientras dejaba que la puerta cerrara con un golpe a sus espaldas.

-“¿La mono qué?”- dijo Graciela desde la cocina mientras tapaba el tacho con la mano derecha, cerraba la canilla con la izquierda, hamacaba a Martincito con el pie derecho, cerraba la heladera con el pie izquierdo y hablaba con el inalámbrico aguantándolo contra la oreja con el hombro derecho.

-“¿Si me ayudás con la monografía de Justiniano Arrascachitaaa!!” gritó Luciana tirando la mochila sobre la silla.

-“Ssssi… te dejo mamá…si….si..si…. tu nieto llora, y…si…s…. llegó tu nieta y me dice algo de un mono o de la mona chita o algo así”- dijo Graciela buscando un lugar donde apoyar el teléfono.
-“Monografía mamá, mo-no-gra-fía!!!”- silabeó mal y con suficiencia tirando la túnica como si fuera viernes y sentándose como si fuera restaurante.

-“¿Vos no hacías monografías cuando eras chica?.”-

-“No mi amor, es mas, ni siquiera sé lo que es eso?”- dijo Graciela con voz de ignorante buscada expresamente para la ocasión. -“Y si no es mucha molestia me gustaría que me lo expliques”-

“Monografía, mamá, es algo que todos los niños hacen con sus papás y sus mamás.”-

“Ah!! ¿Colaborar a tender la cama, levantar la mesa y barrer el comedor?”- aprovechó Graciela el centro levantado sin querer por su hija.

-“No mami, no entreveres, vos lo único que tenés que hacer es ayudarme a conseguir material de Justiniano Arrascachita y después empezamos…”-

-“Pero se puede saber ¿quién diablos es ese Arrascanosecuanto?”-.

Luciana finalmente me explicó lo mejor que pudo qué cosa es una monografía, si le entendí bien es algo así como un resumen escrito a mano y sin fotocopias y hasta donde pude entender este señor es un pintor contemporáneo o algo así.

El Arrascachita ese me hizo dar cuenta lo poquito que estoy saliendo últimamente y las poquitas amistades que vamos teniendo.

-“No nena, ni idea, me contestó mamá.”-

En la agenda del teléfono no encontré muchos mas a quien preguntarle.

En el diccionario ni siquiera una línea.

Cuando volvió Luciana intenté explicarle que en mis primeras 24 horas no había conseguido nada.

-“Todos!!! Todos!!! Todos los niños de mi clase ya consiguieron material de Arrascachita.!!”- Me gritó con un tonito que me recordó al papá cuando se le pierde algo.

-“La mamá de Pablito le bajó de Internet hasta una foto de Arrascachita cuando era niño. El papá de Carmen consiguió una copia de un cuadro de Arracachita. Bernardo llevó la monografía que hizo el hermano el año pasado y vos? Vos ni siquiera sabés quien es Arrascachita!!”-, me espetó con los ojos húmedos, y el dedo índice subiendo y bajando al compás de sus palabras.

-“Pero mi vieja, nosotros no tenemos ni internet, ni meil, ni un hermano mayor, ni…”- y no le expliqué mas nada: -“mañana, mañana lo conseguimos”- le prometí sin mucha seguridad.

-“Disculpe”- le dije al kiosquero, -“algo de Arrascachita…¿ tiene?”-

-“Nnnno, creo que no. ¿Son masticables?”- me preguntó y ni siquiera tuve ganas de contestarle.

En el trabajo averigüé con mis compañeras y…nada.

“Arrascahita”- le dije al señor que estaba sentado al lado en el ómnibus -“Justiniano Arrascachita”. –

“La próxima es Ventura Alegre” me dijo muy amablemente,” pero ésa no sé cual es. Puede ser en Cerro Pelado que hay muchas calles nuevas.”-

“Hoy es viernes, averiguá con los compañeritos del Campus, o de Ingles, alguno ha de tener algo, de todas maneras te quedan dos días todavía”- me dijo mi marido con tono de preocupación y sin sacar los ojos de la tele del partido adelantado del viernes.

“No señora”-, me dijo la catequista, -“salvo que sea un arcángel o algo así, Arrascachita no me suena.”-

Como tenía un trámite en el BPS no tuve idea mejor (para hacer tiempo) que preguntarle por Arrascachita al chico que atiende; me pasó a la estación 4 y de la 4 a la 8, de la 8 a la 6 y de la 6 a la 10 creyendo que era el del trámite. “¿Trajo la cédula de Arrascachita?”- me preguntó la de la estación 10 sin ni siquiera levantar la cabeza. –“¿Por qué sin cédula nosotros no podemos… vió?”-

-“Y mami?”-, me dijo el sábado a mediodía Luciana, -“¿qué conseguiste?””-

-“Estoy en eso mi amor, estoy en eso .”-

A la noche soñé con Arrascachita, tenía barba candado, tocaba el repique en la Carolina, volaba sobre la piscina del Campus y los niños lo saludaban con raquetas de tenis en las manos, mientras una voz que parecía ser la de Luciana repetía una y otra vez: -“¿Y mami, ya tenés algo de Arrascachita?”-

Me desperté el domingo con mal humor y sin monografía.

En la feria empecé a buscar en los puestitos de revistas y libros, las hojas iban despegándose mientras yo repetía Arrascachita, Arrascachita, Arrascachita.

A las 11 fui a ver a mi sobrino que jugaba un partido en la categoría 11 años y ya que estaba le pregunté al técnico, al choricero, a la gorda de las tortafritas y al padre del golero.

Y nada…

Eso sí, seguía escuchando una voz que repetía una y otra vez: ¿Y mami, ya tenés algo?

Al mediodía aproveché la siesta de mi marido para llamar a la radio, al 0900, a la maestra del año pasado, a la profesora de guitarra, a la flaca que trae ropa del Chuy, al taximetrista de la plaza, al padre Federico , al comisario y al presidente de Atlético.

A la noche comencé a repetir casi sin darme cuenta y cada vez mas fuerte –“Justiniano, Justiniano, Arrascachita, Monografía, Arrascachita. Justichita, mononiano, Arracafía, Arracandonga. Arrancandonga Arrascachita, ponele color JC, Arrancandonga Arrascachitaaa!!!

Ahora ya estoy bien.

Hace una semana que la siquiatra me dio el alta y me hizo entender que no son tan importantes las monografías. Justo cuando empezaba a acostumbrarme al chaleco.

Lo único que me preocupa es que Lucianita, cuando me dio un beso, me dijo, despacito, muy despacito, “vos no te preocupes mami, vos no pudiste porque estabas internada, pero todas, todas, todas las mamás ya consiguieron material de Mamerto Chocho para la próxima monografía.”

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