¡ Llame ya!…al siquiatra, Carmen.

–Vos tenés que estar loco– me dijo mi mujer que sigue sin entenderme.

–¿Qué es lo que te preocupa tanto, Carmen? — le pregunté un poco molesto.

–¡Todo, Leonardo, tooooodo! Últimamente, todo me molesta de vos. Vos me molestás, desde los cayos hasta la pelada. Porque vos no estás bien ¿Entendés que no estás bien?

–Mirá Carmen, vos comprás en la feria lo que querés, en el Chuy lo que querés, en el supermercado lo que querés, en el shoping lo que querés y porque a mí se me dio por comprar unas cositas resulta que te querés ir de casa.

–¡¿Unas cositas?! Mirate Leonardo. Mirate un poquito y mirá a tu alrededor. Me voy, me voy a la casa de mamá.

–¿Lo decís por la crema Baba de Caracol que me puse en la cara? Parece que no te has enterado que ahora los hombres también usamos cosméticos. ¿No querés tener en casa un metro sexual?

–Me alcanzaría con un “diez centímetros sexual”, Leonardo.

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¡Aguante Mamerto! ¡Aguante Cornelio!

Hay nombres y nombres.

Por ejemplo…llamarse Pedro en este país es facilísimo.

O llamarse Carmen.

Es más… si me apurás, llamarse Washington es facilísimo.

O llamarse Jacqueline.

Pero te quiero ver con un nombre pesado, fuerte, distinto.

Marciano, por ejemplo.

No es para cualquiera llamarse Marciano en Uruguay.

Ni en Corea del Norte.

Más vale que te hayan puesto Segismundo, Bush y hasta Trademark.

Y fijate vos… ¡Qué pavada no! Si lo pensás bien, cualquier nombre es igual a otro.

¿Qué cosa hace que este nombre sea más agradable que aquel? ¿Su sonoridad? ¿Su extensión?

Yo me imagino que lo que lo hace más aceptable, es su uso reiterado.

Por lo demás, todos los nombres son combinaciones de letras que dan como resultado una u otra palabra.

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TE INVITO A MI FIESTITA

–Buenos días ¿en qué los puedo servir?—dijo el tipo de corbata amarilla, sin salir de atrás de su escritorio.

–Venimos por el aviso del diario– contesté adelantándome a Gabriela.

–Bien… siéntense– nos dijo arrimando dos coquetas sillas distintas entre sí– Los felicito, vinieron a la empresa ideal para sus proyectos.

–Nosotros leímos en el diario que ustedes se encargan de todo. De la fiesta, del viaje, de la ceremonia, del regalo colectivo, en fin… en el aviso dice que tienen mucha experiencia en esto.

–¿Experiencia? Somos la empresa líder en el Uruguay. Nuestra empresa…

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No hace tanto tiempo que…

El domingo era mágico.

Era el día de la semana que más esperábamos.

Es que íbamos al cine.

¡Matinée desde la una y media de la tarde hasta las ocho, ocho y media de la noche!

¡Sííí! ¡Siete u ocho horas adentro de un cine!

¿Qué íbamos a ver?

¡Lo que dieran!

No teníamos ninguna posibilidad de elegir.

A veces alguno de la barra pasaba frente al cine y miraba la cartelera con fotos y afiches.

–¡Muchachos!—nos decía en el recreo — ¡El domingo dan una de guerra, una de cowboy, una de romanos y una de Rafael!

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¿Te acordás, hermano, qué puchos aquellos?

Cuando me enteré de que iban a aplicar medidas para restringir el consumo de tabaco imaginé otro final.

Hace unos años cuando empezaron en otros países con este tema no pensé que los gobiernos llegarían tan lejos ni que los fumadores llegarían tan cerca.

–Vas a ver que en Uruguay ningún gobierno se anima a hacer nada parecido– dije a mi mujer por esos días.

Y se animaron.

–Vas a ver que a los fumadores compatriotas les sale el indio y ocupan el parlamento, el Ministerio de Salud Pública y la chacra de Mujica.

Y ocuparon la vereda y los patiecitos.

Lo que pasa es que yo crecí viendo los póster de James Dean con el cigarro en la boca y un sello de “Rebelde sin Causa” en la frente.

Y mi vida trascurrió viendo fumar a John Wayne, Omar Gutiérrez, Burt Lancaster, el contador Damiani y Henry Fonda.

Todos querían ser como el rubio de Camel.

(¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquellos!)

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Cambia, casi todo cambia.

¡Buenas tardes señoras y señores televidentes!

¡Bienvenidos al fútbol!

¡Hoy es domingo 9 de abril del 2017!

Tarde de fútbol, tarde de clásico, acá en el Centenario.

Nacional-Peñarol, Peñarol-Nacional se enfrentan esta tarde en el primer clásico del año 2017 por puntos vitales para la definición de la “Copa Tenfield Forever”.

Afortunadamente, a 11 años de haber instaurado las medidas contra la violencia en el fútbol hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que ha retornado la tranquilidad a nuestras canchas.

Ustedes están viendo en vuestra pantalla el sector de la Ámsterdam donde se ha construido una pequeña capilla y allí alcanzamos a ver a la hinchada aurinegra haciendo cola para comulgar. Los que ya lo hicieron proceden ahora a desplegar una enorme bandera de Peñarol con la imagen de Benedicto XVI.

Adelante Mario, en las afueras del estadio.

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TENGAMOS UN BUEN GESTO

A los uruguayos es fácil de descubrirnos.

Nos delatan nuestras costumbres, nuestros nombres y hasta nuestros gestos.

No solamente porque inventamos algunos, sino además porque de los gestos universales hemos tomado unos y desechado otros.

Esa también es una manera de diferenciarnos.

Pero lo primero que usted debería saber es que no tendría que leer esta crónica en su trabajo desde la computadora (por lo menos si tiene compañeros que lo estén mirando).

Si esta crónica la encontró en un diario o en una revista y está sentado en el ómnibus o en una sala de espera, le aconsejo que deje para leerla en su casa.

Porque vamos a hacer algunas pruebitas.

Vamos a hablar de los gestos que hacemos con las manos, con la cara o con los brazos los uruguayos.

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CARRERA DESVENTURAS

La Barra, marzo del 2006.

Querido Tío Chito.

Presente.

De mi consideración:

Te escribo esta carta para contarte algunas cosas que me han pasado este mes.

El otro día me llamó Damián.

El tipo está casi tan loco como yo.

Pero vos sabés bien que yo le sigo la corriente a todo el mundo (y lo peor es que después no me arrepiento).

Me llama y me dice con su inconfundible acento español:

–Es el domingo a la mañana, hombre. No ha de ser muy difícil, seguro que nos va a ir bien.

–Pero… ¡vos estás completamente loco, Damián! ¿Alguna vez lo hiciste?– le pregunté sin entender bien que me estaba proponiendo.

–¡Que no, que no lo he hecho, pero que dicen que es muy fácil!

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NO HACE TANTO TIEMPO QUE…

…cocinábamos en un primus.

¿Cómo te voy a explicar?

Un primus era como una cocina chiquita que se prendía con un fósforo.

No.

Era como una garrafita que… no, tampoco… ¿cómo te explico?… tenía tres patas ¿no?… un depósito… un depósito que siempre brillaba. Te lo juro, ni en la casa más humilde los primus dejaban de brillar.

Los hacíamos brillar a Brasso partido.

Pero por las dudas, empecemos por el principio: ¡Atenti! No te estoy diciendo que fuera más rápido, más limpio, ni más seguro que un microondas.

Es más… tampoco tenés que interpretar que te estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, ni trato de venderte un tranvía.

Lo que te digo es que cuando me acuerdo del primus me viene como una cosquilla en la barriga.

Porque tu vinculación con el microondas comienza un segundo antes de empezar a cocinar y termina un segundo después del sonido de la campanita. En todo caso tu vinculación sigue un poco más si te quedan cuotas para pagar.

Con el primus la historia arrancaba cuando lo levantábamos y lo sacudíamos para saber cuanto combustible le quedaba.

–¡Está casi vacío mamá! Apenas se escucha un ruidito.

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