–Pablo, recipe este fin de semana tu padre y yo tenemos que ir a Montevideo. ¿Por qué no te quedás con tus abuelos hasta el lunes y ya de paso te ponés al día con ellos?– dijo Elsa mientras cerraba el bolso, medical cargado como si se fuera por un par de meses.
La idea no era del todo mala, look Pablo tendría con sus abuelos comida de la buena, le aflojaría a las hamburguesas y aprovecharía para conversar con ellos, cosa no muy común para los adolescentes de estos tiempos y de estas tierras.
Llegó con su mochila casi vacía y se acomodó en el dormitorio que alguna vez usaron sus padres.
–¡M’hijo! Le dejé la tricota al lado del tualé. Arriba del combinado. ¡Póngala en su catre y lávese las manos para comer!– gritó la abuela con la misma voz finita de siempre.
Pablo buscó disimuladamente el tualé, el catre , la tricota y el combinado. No pudo encontrar nada que se pareciera a esas cosas, así que se fue a comer, por que eso sí estaba clarito.


–Antes… cuando se terminaba de quemar el alcohol –-le dijo el abuelo– había que darle fuelle al primus y mientras hubiera kerosene no nos faltaba el menestrún.
–¡Aaaah!- respondió Pablo con cara neutra, como tratando de entender si eso estaba bien o estaba mal. Sentado, levantando apenas la cola, acomodó la silla junto a la mesa, mirando hacia abajo, cosa de esconder cualquier gesto comprometedor, viejo truco aprendido de su madre.–¿El primo de papá?– preguntó como para demostrar interés.
–El primus, Pablito, el primus. Una vez que yo lo estaba prendiendo, tu abuela mandó a tu padre a la botica con dos vintenes a comprar una gillette ¿Te acordás Elsa?– gritó el abuelo volviendo la cabeza hacia la cocina. ¡¡ Se calzó los botines mientras escuchaba la espica, y el mocoso se fue a la retreta que quedaba a una legua de casa!! Yo estaba distraído con Diga Bi Diga Lo, después escuchaba a Mañán y …
–¿A Mañana?—

–No mijo, a Mañán. Estaba después de Solé, que lo presentaba Mejoral.
–¡Mejoral presentaba a Cristiá!- gritó finito la abuela entre aceite crujiendo y humos de churrascos, vos te confundís con Julio Cesar Armi, viejo– agregó muy segura Elsa
–Aaah!!- dijo Pablo,¿Armi y Cristiá?.
–Entonces– siguió el abuelo—la Elsa me dice ¿y éste? ¿se tomó la Onda? ¡Si está lloviendo! Fijate al lado del fogón si están las galochas y el pilot. ¡Vos podrás creer que andaba en una forchela con una dragona el muy cabortero!
–Y vos..,¿ cómo andás Pablito?

–¿Yo?….¡Joya!–, dijo Pablito. -Yo ando joya, la que piró es la tana. Ahora anda con un patovica y está de la gorra. El otro día me complicó. Mal me complicó. Pero maaaaal. Veníamos de un toque de la Vela y en eso….. la yuta!! Lejos venía, y nosotros ni ahí, y de repente: tiró cualquiera la fiera, gritó descartá que viene la trulla!! Y la copiaron… al dope bocineó. No sé. Deliró. ¿Me siguen abuelos?

–Sssssí…más o menos Pablito. Me entreveré un poco con la trucha y la pucha, pero seguí Pablito seguí– dijo el abuelo acomodando la silla y mirando hacia abajo, viejo truco aprendido de su nuera.
–Y, nada. El kia me juna, yo lo miro y le largo: ¿Cuál es? Y de una el rati me cortó el rostro. La máquina me preguntó si andábamos de viaje.
–Ah, esa sí te la entendí– se alegró el veterano –¿te preguntó si eran turistas?
–No abue, no. Si andábamos de viaje, volados. Ni ahí, le dije de guan, y el cacho me miró como diciendo “no me bolaciés Man” No seas ortiva ,le dije, si ni para la birra nos queda….entonces….
–¡¡Ay Pablito– dijo la abuela, ahora parada en la puerta de la cocina con la espumadera en la mano. Vos disculpame Pablito pero yo de acá no entiendo nada. Me hiciste acordar cuando tu abuelo leía el catálogo del London Paris. Contale viejo que ponías a D’arienzo en la Artigas y te sentabas en la poltrona y arrancabas con el catálogo, seguías con el Rojo Vivo, después El Plata, mientras en el éter estaba Trota y….
–No señora, usted está entreverando y así Pablito no va a entender nada; en el éter estaba Roberto Barry que lo presentaba creo que Oxibitué.
–¿Oxiqué?
–Oxibitué, que tu padre se sentaba con el Codelín a tomar Tody y yo escuchaba a Chicotazo, tu tía era chiquita la fajábamos, le poníamos el ombliguero, el chiripá y…
–¡¿Pero vos estás mal de la memoria?! Lo que escuchabas con Marita era Tomándole el Pulso a la República que presentaba creo que Sastrería Ovalle, Pablito ¿nos seguís no?
–Ssssé– dijo Pablito y se rascó la nuca.
Fueron dos días de largas y dificultosas charlas. En la cabeza de Pablo resonaban a la noche las boticas, las tricotas, las balotas y las retretas. En los sueños de Elsa y Julio se entreveraban las yutas, los ortivas y los patocas.
Por eso no les sorprendió que los padres de Pablo, todavía con la mano en el picaporte y el bolso sin apoyar le preguntaran desde a puerta:
— Y… ¿Cómo pasaron?
–Fenómeno, vieja, fenómeno– dijo Pablito
–De más, joya — dijeron los abuelos, casi a dúo, y con una birra en la mano.

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