–Juan Carlos, estoy escuchando un ruido en el jardín– dijo mi mujer sin dejar de lavar el piso de la cocina.

Abrí la puerta y viché pensando encontrarme al perro del vecino que me rompe la bolsa de la basura todas las mañanas. Una voz que no conocía me dijo:

–Martínez, golpee antes de abrir, puede haber alguien cambiándose.

Al principio me costó entender lo que pasaba.

Cerré la puerta y volví a la cocina con mi mujer.

–Sandra – le dije en voz bajita– hay unos muchachos en el jardín y yo me mandé la burrada de abrir sin golpear, dicen que pueden estar cambiándose.

–¿Tú eres nabo, Martínez? El jardín es nuestro ¿Cómo se te ocurre golpear para ir al jardín? Sal y encáralos Martínez.

Por las dudas y para no tener problemas golpeé antes de abrir.

–Permiso… disculpe que no toqué timbre porque está puesto del lado de afuera.

–Vas a tener que cambiarlo, Martínez– me dijo un petiso de barba- ya se van a empezar a construir casas con timbres de los dos lados, no te calentés.

–Perdón… no quisiera molestarlos…pero… éste es mi jardín.

–Era.

–¿Cómo?

-Era, Martínez. Con los muchachos lo estamos ocupando desde hoy a la mañana. ¿Te jodería venir más tarde? Porque estamos mirando la previa de Uruguay-Australia.

Ahí me di cuenta de que tenían un televisor enchufado al toma donde yo enchufo la bordeadora, una heladera de dos puertas, un microondas, un lavarropas y una mesa con 6 sillas.

–¿Estás pagando el cable, no? No sea cosa que nos corten cuando empiece el partido.

–¿Por cuánto se piensan quedar?

–Vos querrás saber por cuánto nos vamos. En principio serían sólo 10 años, porque nosotros ya tenemos derechos adquiridos.

–¿Cómo “derechos adquiridos? ¿Cuánto hace que están ocupando mi jardín?

-El año que viene va a hacer un año. Y lo de “mi jardín” no te la creas tanto. Porque entonces nosotros que vivimos en el jardín podemos decir “nuestra casa”.

–¿Ustedes no tienen casa?–pregunté inocentemente.

–Tener tenemos, pero la tuya está mejor– dijo un flaco acomodando una moto contra las hortensias.

–No le podrían bajar un poquito la voz a la tele, porque iba a dormir la siesta, yo trabajo en dos lugares y ….

–¿La siesta? ¡Muchachos!…¡Escuchen esto! ¡Martínez quiere dormir la siesta!! Cuando se entere que esta noche festejamos el cumpleaños de Joaquín le da un ataque.

–¿Qué Joaquín?

–Aquél, el que está en la hamaca paraguaya con una amiga. Hoy cumple 47 y le hacemos una fiesta a la noche. Si querés venir con la patrona traete alguna botellita de algo. Va a estar bueno, vienen casi todos los de los otros jardines del barrio. Hasta el Rulo con la orquestita viene. Tendrías que cortar el césped antes de la noche, Martínez. Tenemos que quedar bien, hoy vienen los de Soriano.

–¿Los de Soriano?

–Sí. Son los que ocuparon el jardín del Loma Verde. No queremos quedar mal con ellos. Martínez ¿a vos no te convendría comprar algo más grande? Estamos quedando regalados con los invitados… par.., me suena el celular –dijo y sacó del bolsillo uno de esos que sacan fotos-….sé…sé….¡¡no te puedo creer!!! Martínez se va a alegrar …bueno…nos vemos …

–¿De qué me voy a alegrar?—pregunté pensando que se iban.

–No te imaginás Martínez, ¿a qué no sabés quienes vienen al cumpleaños?

–Ni idea.

–¡Los que están ocupando el jardín del Conrad! ¡Es increíble! ¡Ellos tienen fuente y banderas en el jardín.¿No pensaste nunca en poner banderas, Martínez?

–No, no se me había ocurrido. Una preguntita…a los del Conrad ¿no los han podido sacar?

–¿Sacar? ¿Pero donde vivís, Martínez? Los muchachos para irse pidieron unas fichas, el auto que sortean, entradas para ver a Ricky Martín y 30.000 dólares en la mano. Estamos viendo de modificar la legislación para estar protegidos contra las avivadas. Un diputado va a plantear la posibilidad que los ocupantes le puedan ofrecer unos mangos al Conrad para que se vayan del fondo de su jardín. A propósito… si nos tirás 3 lucas a cada uno nos vamos al jardín de enfrente que tiene mucho más árboles y hasta dos enanitos le pusieron.

–¿Cuántos son?–pregunté con alguna esperanza

–Somos 10 – contestó un gordo que fritaba pescado en una garrafa.

–Serían 30 mil dólares, lo que pasa es que esta casa no vale eso.

–No sé… ponete las pilas, Martínez. De acá no nos movemos. ¡¡Hacete cargo…Martínez!! …Martínez…Martíneeeeeez! ¿qué se hizo Martínez?

–Acá estoy

–¿Adónde habías ido?

–A llamar a la policía

–¿Qué te dijeron?

–Me dio ocupado

–¿El teléfono te dio ocupado?

–No, la Décima me dio ocupado. Le armaron unas carpas en el jardín y le ocuparon hasta el teléfono.

Marciano Durán

2005 Noviembre

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