TRES MINICRONICAS ALGO INSEGURAS

(o… cuando la realidad supera a las crónicas)

Arrancan la caja fuerte de un cambio en Punta del Este con una camioneta
Hasta ayer no habían surgido novedades en torno a la banda de delincuentes que la madrugada del domingo se llevó de arrastro la caja fuerte de una casa cambiaria ubicada en la sucursal Punta del Este de supermercados Devoto, a la altura de la parada 10 de la Avenida Roosevelt.

…………………………………………………………………………………………………………

–Vieja… ¿precisás algo del súper?
–Sí Viruta, traeme una leche, media docena de huevos y un kilo de morrones.
–Vengo en un rato, si te acordás de algo más me mandás un mensaje de texto.
–Viejo… ¿vos viste que hora es? Son más de las dos de la mañana.
–Sí… ya sé, pero está abierto las 24 horas.
–Cuidate Viruta, a esta hora es un peligro andar por la calle.
–Voy con los muchachos, quedate tranquila.
–¿En qué van?
–En la Nissan con el Cubija, el Manteca, el Gomina y el Matraca.
…………………………..
–¡Por acá, estacioná por acá Viruta! Ahí tené un lugar segurola. ¡Ahí, al lado de la farmacia!
–¡Paráááá Matraca! ¡Parááá, me volvé loco! Fijate si hay algún cuidacoche. Esto está regalado, me llegan a afanar el mionca me corto lo que me encargó la Zully. ¡Pibeee! ¡Eeeehh! ¡Pibeee! ¿Le das una vichadita al mionca?
–Sí. Señor ¿usted no es el famoso Viruta?
–No, ese es un chorro parecido a mí, somos como “separados al nacer”. Tá bastante oscuro esto ¿no queda regalada la Nissan?
–No, señor yo se la cuido.
–¡Vamos muchachos! Gomina, bajá la maceta. Matraca… la piola. Vamo, primero le compramo las cosas a la flaca y despué hacemo el laburo. Buenas noches, señorita, ¿Dónde tiene los huevos?
–Acá. Al lado de los embutidos.
Continuar leyendo “TRES MINICRONICAS ALGO INSEGURAS”

EL CAÑO DEL GRAN HERMANO

Yo no sé si me cambió el metabolismo… si me están apedreando las hormonas… o si los programas que miro en la tele me descontrolan la pituitaria.
Supongo que es eso.
Supongo que los temblequeos son de tanto mirar los caños y los grandes hermanos.
Lo raro es que mi mujer también los mira, pero es como si no se diera cuenta de lo que ve, porque…

–¿En qué pensás, Alcides? Estás como dormido con los ojos abiertos. Tenés cara de Gregorio mirando a Serafín García.

–Eehhh… no, nada. Pensaba en Tinelli y en El Gran Hermano. En las mujeres que aparecen. Vos sabés que de tanto mirarlo… ¿cómo te voy a decir? Eeeh… de tanto mirarlo me dan ganas de invitarte a… esteee… a …no lo tomes a mal ¿no?…me dan ganas de invitarte… a lavar los vidrios del dormitorio.

–¿Me querés decir… lo que yo creo que me querés decir?

–¡Sep!

–¡Sos un degenerado! ¿Para eso mirás televisión? ¡Cabeza podrida!

–No Sandra, no. Pero esos programas están más salados que comer maní mirando ISAT los viernes a la medianoche.

–¡Sssshhhh! Los niños no se han dormido.

–Pero yo lo único que te propuse fue lavar los vidrios del dormitorio.

–Estás enfermo, Alcides. No entiendo qué relación hacés entre una cosa y la otra. Por otra parte parece que te olvidaste que los lavamos hace un mes.

–¡Me acuerdo, Sandrita, me acuerdo perfectamente! ¡38 días, 19 horas, 15 minutos! Y a mí me parece que por culpa de la televisión estamos espaciando mucho la limpieza.
Me siento más solo que Castillo en Peñarol. No te digo una lavadita de vidrios por día, pero por lo menos no te hagas la Tabaré.

–¿La Tabaré?

–Sí, si por vos fueras festejabas todos los feriados en un solo día. Si por vos fueras desfilábamos solamente el 19 de junio. Y nunca más.

–Pero… ¿vos te viste el lampazo, Alcides?

Continuar leyendo “EL CAÑO DEL GRAN HERMANO”