ESOS LOCOS QUE CORREN

< Vos lograste la meta tan ansiada. La que muchos perseguimos inutilmente durante años: transformarte en EL escritor de los corredores del mundo, sin importar su cultura de origen. Yo te miro como uno te los tantos alquimistas medieavales miraría a un colega si se enterara que efectivamente, encontró la piedra filosofal, el secreto de la eterna juventud.
Los locos que corren es el poema perfecto. Así, como la tormenta perfecta ocurre una vez cada miles de años, lo mismo pasa con los poemas. Tienen que alinearse tantos astros, que dificilmente se repita. Bernardo Frau.

ESOS LOCOS QUE CORREN

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza. Continuar leyendo “ESOS LOCOS QUE CORREN”