Pobrecito mi asesino, piensa que el muerto soy yo.

Me duele acá arriba, acá… en esta parte, en Guatemala.

Llegué de Guatemala hace pocos días.
Llegué triste y conmovido.
Dolido.

Allá -entre el aeropuerto La Aurora y la hermosa Antigua- alcancé a ver en el Bulevar Liberación los carteles que anunciaban la presencia de Facundo Cabral.
-No vaya- me dijo el que manejaba la camioneta…por seguridad.

Las calles de Antigua en Guatemala no son muy distintas a las de Colonia de Sacramento.
Los antigüeños hablan nuestro mismo idioma, salen a fumar a la vereda y los niños juegan a la pelota en las esquinas.
Tienen más flores que todas nuestras ciudades juntas, hay locos que salen a trotar a la mañana con 35 grados y 1800 metros de altura, las iglesias se llenan de fieles todos los días, los taxis tienen tres ruedas y los volcanes Agua, Fuego y Acatenango custodian la ciudad patrimonio de la humanidad.

No se ven perros en las calles, las fachadas son todas bellísimas, los patios son espacios de regocijo, la gente es amable y sonríe… pero tienen tristeza en los ojos. Continuar leyendo “Pobrecito mi asesino, piensa que el muerto soy yo.”