Hace unos minutos, diagnosis en el hall del teatro la prensa nos pedía un balance de esta Primera Bienal de Educación Artística.
Y recordábamos lo que contábamos  hace un tiempo en el Festival de Cine
Me refiero a la anécdota de la entrevista con el chino Chu Enlai.
 
Le preguntaron al líder chino
-¿Qué opinión tiene usted de la Revolución Francesa?
– Es demasiado pronto para valorarlo – contestó Chu En Lai un par de siglos después de finalizada la Revolución.”
 
Pero… esto es Uruguay.
Acá evaluamos la temporada de verano el 15 de enero, unhealthy la marcha del gobierno en el primer semestre y a los directores técnicos en el tercer empate.
 
Este es un país que pretende definir las elecciones en la mitad del ejercicio a fuerza de evaluaciones tempranas y encuestas proféticas.
 
No ha terminado. 
No tenemos toda la información.
 
La vida es eso que pasa mientras organizas bienales.
Es decir, estuvimos -además- haciendo  otras cosas.
No pudimos asistir a todo, no tenemos toda la información.
 
Por otra parte… ¿Cómo se evalúa esta actividad?
¿Cómo se mide?
¿Por cantidad de público?
¿Mucha gente es sinónimo de éxito?
¿Una guerra es exitosa con mayor cantidad de muertos?
¿Una clase de 80 alumnos es más exitosa de una de 30?
 
 
Sí, seguro que la cantidad de público es uno de los indicadores.
Pero no es el único.
Uno también puede medir en sonrisas, puede medir en kilómetros, puede medir en aplausos, puede medir en intentos, puede medir en conflictos, en debates, en proyectos.
 
Puede medirlo en frases. 
Ejemplo: “¡Noooooo! ¡Basta de culturaaa! ¡En este departamento de lo único que se habla es de cultura!”
La frase pertenece a nuestro amigo Carlitos Etcheverry, secretario personal del Intendente de Maldonado.
Fue pronunciada antes de ayer cuando le pedimos que el intendente nos acompañara al cierre de la Bienal, a la firma del convenio de una Usina Cultural en San Carlos, a una reunión del “Abrazo del Solís Grande” y al lanzamiento del “Dulce Corazón del Canto”.
Quienes conocen a Carlitos, saben que la frase está cargada humor, de ironía y de satisfacción por esta realidad.
Y esa es la primera evaluación… esa frase: “en este departamento de lo único que se habla desde hace un mes… es de cultura”
Se corrió la agenda.
Se movió el eje.
Minutos y renglones que ocupan los robos, los choques y la farándula quedaron en manos de la educación artística por estos días.
Esa es una buena evaluación.
 
Y otra puede ser la propuesta de  abandonar la lógica del resultado en manos de la lógica del proceso.
Tabares: “lo importante es el camino.”
Discurso del maestro rescatado de otros tiempos  que todo Uruguay saluda (por ahora, mientras los resultados se sigan dando)
 
El proceso, el camino que se inicia.
Esa es también otra mirada posible a la Bienal.
El inicio de un camino. 
 
Algo nos queda claro: La complejidad de una Bienal de Educación Artística.
Porque es evento y es conferencia. 
Es docencia y es diversión. 
Es disfrute y es complejidad.  
Es la planificación y es improvisación. 
Es una agenda viva que debe adaptarse a las circunstancias. 
Que debe estar atenta a los nuevos estímulos.
Ejemplo: Tormenta de miércoles.
 
Ese día descubrimos  que se cambiaban las prioridades.
Primero los niños, después los cuadros de los niños.
Primero la gente, después las  manifestaciones artísticas de la gente.
Y hubo que desplegar habilidades desconocidas, trasladar, arreglar, proteger, custodiar.
Otras prioridades.
 
Permítanme aprovechar esta tormenta de miércoles para recordar otras tormentas.
Para usar un lente de memoria de aumento a la hora de juzgar estas realidades de educación, de cultura, de arte.
Que algunas miradas son tan nuevas que no consideran vientos pasados.
Solo los nuevos.
 
Lentes de memoria de aumento para recordar que este país  tuvo una importante emergencia cultural.
Lentes de aumento para recordar que un huracán azotó a este país hace algunos años.
Un tsunami  sopló fuerte hace cuatro décadas.
Y eligió especialmente donde soplar, donde desbastar.
Apuntó donde más  le dolía a nuestro país.
Derribó a  nuestros mejores arboles.
Miren…hoy a la mañana fui a trotar al Arboretum Lussich.
Faltaban cuarenta arboles.
Es decir, estaban pero en el suelo.
 
Y en la Isla Gorriti cayeron 100 pinos
¿Cómo recomponer el bosque?
¿Cómo hacerlo?
¿Cómo recomponer en tan poco tiempo aquello?
 
Yo les adelanto que será imposible tener nuevamente aquel bosque.
Cuando lleguemos con las nuevas semillas, tendremos que esperar 80, 90, 100 años y aun así no conseguiremos el mismo bosque.
Serán otros árboles, con otras sombras, con otras ramas, con otros nidos, con otras ramas.
 
¿Por qué es tan fácil de entender esto en los árboles?
 ¿Por qué no se tiene en cuenta el tiempo necesario para recomponer el bosque del conocimiento?
Creo que debemos tener esta mirada vieja, junto a la mirada nueva.
Si no es trampa.
Otros bosques, otros tiempos, otros árboles.
 
¿Por qué todo esto?
Porque hoy al trotar en el Lussich, en uno de los senderos me encontré con un viejo ciprés calvo derribado.
Un ciprés de treinta metros y de cien años..
Y me dolió verlo.
Y no me pregunten por qué surgió hoy en la mañana esa asociación de ideas de vientos asoladores sobre lo mejor de nuestros bosques.
Y se me vino a la cabeza justamente esa idea ¡Cuántos imprescindibles de nuestra educación fueron derribados con alevosa puntería!
 
¡Cuánto seguirá costando recomponer el bosque!
¡Cuántos de esos cipreses necesitamos hoy para recomponerlo!
 
Hoy es el día del maestro.
 
Al final de la Bienal, saludando a Carmen y a Mariana y en ellas a todos los que trabajaron, al final de la Bienal, recordando lo mejor de nuestra educación, celebrando el Día del Maestro, déjenme dedicar las cosas que  salieron bien ( y las que salieron mal también) a un viejo maestro, ciprés imprescindible de nuestro bosque.
Nacido en La Cruz, Florida, hace más de cien años, renace en estas instancias, recupera su alma en cada bienal y en cada aula.
¡Salud maestro Julio Castro en tu día!
¡Esta bienal es parte de tus ramas!

Marciano Durán
Setiembre 2012
 

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