Yo no soy normal, lo reconozco.

10 mayo, 2017 Sin categora no comments
Yo no soy normal.
Lo reconozco.
Pero que no sea normal no quiere decir necesariamente que sea mala gente (es decir, puedo serlo pero por otras cosas)
¿A qué me refiero?
A que hay cosas que a todo el mundo le gusta y a mí no.
-¿Ejemplo?…dirá usted.
-Comprar- contesto yo.
Cuando me armaron les faltó ese chip.
No me gusta comprar.
Nada.
Por eso en mis paseos favoritos no está el shopping, ni la feria, ni el free shop, ni el Chuy.
Soy bastante cavernícola.
Sin embargo acabo de darme cuenta que la vida se está riendo de mí sentada atrás de la góndola de los lácteos.

Porque acabo de llegar del supermercado (lugar que detesto especialmente pero al que acudo casi diariamente) y miré mi reloj: ¡Una hora! ¡Estuve una hora adentro!
Entre la máquina de los envases, la cola de la fiambrería, la del tipo que te pesa la verdura, el que te corta los churrascos y lo peor de todo: la cajera.
Pasé una hora allí adentro.
Así que el cálculo que hice fue muy rápido: Cuatro veces por semana, 24 horas por mes, 288 horas anuales. Teniendo en cuenta que empecé a ir al supermercado en el 80, me da 10.656 horas.
¡444 días adentro de un supermercado!
¡Un año y pico viendo como aumentan los precios, protestando porque se te atraviesan dos doñas en el pasillo y no se mueven, observando cómo todas las colas en las cajas van más rápido que la tuya, un año y pico dejándole mi dinero a la chica de pollera corta y conversación larga (me refiero a la conversación que mantiene con el empaquetador justo cuando le toca atenderme) un año y pico viendo como en el momento en que vas a llegar a la caja, se te mete un tipo con el carro desbordando!
¡No puedo creerlo!
¡Me quiero cortar las venas con una tarjeta de puntos!
Lo único que se me ocurre para bajar la bronca es compartir con mis amigos una crónica titulada:
Vieja, acompañame al supermercado
Cuando era chico no me gustaba ir a jardinera, pero después que entraba no me sacaba nadie.
Con los supermercados me pasa lo mismo.
La diferencia es que en jardinera era menos infantil y me manejaba con mas madurez.
En el supermercado soy un desastre.
Compro cualquier porquería a cualquier precio.
La primera vez que se me abrieron los dos portoncitos sin que yo los tocara no entendí bien cómo lo hacían, así que intenté volver a pasar y ya no pude.
Ese día me di cuenta de que me tenían encerrado y que solamente me dejarían salir si pasaba por las cajas.
-¿No tendrán un carro más chico? ¡Éste es enorme!
-Es para que tengas la sensación que te falta comprar cosas , Bacigalupe. El mensaje es: “Le cabe algo más, puede seguir comprando tranquilo”.
Pero vos no te enloquezcas, viejo, ahora los dos sabemos que no es obligación llenarlo -dijo mi mujer que de esto sabe bastante.- El otro día te mandé a comprar un pan y apareciste con un casco de moto.
-Porque buscando la panadería dentro del supermercado me encontré con el casco que estaba regalado.
-Bacigalupe, nosotros no tenemos moto. Y la panadería te la pusieron en el fondo para que te encontraras con el casco. ¿Viste que estamos entrando por la derecha? ¿Te habías dado cuenta de que en todos los súper se entra por la derecha?
-¡Tenés razón, no me había dado cuenta! ¿Por qué?
-Porque necesitan que transites por tu derecha. Fijate, recién entramos y ya nos pusieron los electrodomésticos cerquita. ¿Sabés por qué los ponen cerca de la entrada? Porque a esta altura un microondas todavía cabe en el carro. Es ahora o nunca, Bacigalupe, ahora lo tenemos vacío, ahora podemos meter un equipo de audio. Y también saben que el carrito lo estás llevando por la derecha. Fijate si te miento.
-¡Qué hijos de la madre! ¿Y cómo sabían que yo lo iba a llevar por este lado?
-Porque lo manejás como si fuera un auto, dejando que los que vienen de frente tomen la otra senda. Y lo más importante: lo que te quieren vender lo ubicaron a tu derecha.
-¡No me van a embromar! Vamos, me voy derecho para el fondo sin comprar nada.
-Previsible, Bacigalupe. Eso también lo saben. Saben que el primer pasillo se hace rápido yendo hacia el fondo a devolver envases o a buscar la panadería, todos hacemos lo mismo. Y también saben que vas a recorrer el supermercado en el sentido contrario a las agujas del reloj. Estate atento porque a partir de este momento vas a recibir trescientos estímulos por minuto. La tienen clara, Bacigalupe, por eso no podés venir sólo.
-Entonces vamos más rápido.
-No va a ser tan fácil. Ellos calcularon que vamos a estar cincuenta y cinco minutos. Ahora van a tratar de mantenernos más tiempo.
-¿Nos va a atar?
-Más o menos. Escuchá la música. ¿Viste que suavecita, qué tranquila, qué lenta?
-Pse, nunca una marcha.
-Es para que compres a ese ritmo, para que te tomes el tiempo y que con calma pongas muuuuuchas cosas en el carrito. ¡Ojo, se te termina el pasillo! Ahora vas a girar a la izquierda donde te espera Mimi.
-¿Mimí Pons?
-¡Nooo! Mimí quiere decir “Magnética-Impulsiva-Magnética-Impulsiva”. Son zonas. Una magnética con carne, fruta o pan y una Impulsiva con chocolate, libros o juguetes. Te meten una y una. Mirá: enfrente al papel higiénico pusieron los juguetes, enfrente a los útiles escolares pusieron las golosinas.
-Me hiciste acordar. Voy a comprar unos silvapenes.
-Marcadores de fibra, Bacigalupe, se llaman marcadores de fibra. Los silba-penes son otra cosa.
-Perdoname, vieja, no te escuché. Me distraje porque este carro está roto, las ruedas se trancan y se me va un poquito hacia la izquierda, voy a cambiarlo.
-No te gastes, viejo. Todos los carros se van un poquito para ese lado, eso te obliga a llevarlo con la mano izquierda.
-Sé, tenés razón.
-Es para que te quede libre la derecha y que la uses para cargar con libertad. ¡Dejá esa tenaza que no la necesitamos!
-Lo que pasa es que está regalada. Fijate: ciento ochenta y tres pesos, antes doscientos.
-El que está regalado sos vos. Nunca valió doscientos. ¡El cartelito lo pusieron para vos!
-No encuentro el azúcar, ayer estaba acá.
-Porque los productos de primera necesidad te los cambian de lugar todas las semanas. Te van a hacer caminar y mirar, van a hacer que uses esa mano derecha que te dejaron libre. Seguro que el azúcar no está en la Zona Fría.
-¿En la cámara frigorífica?
-Zona Fría se le dice a los lugares del súper donde te tienen que convencer para que compres. En la zona caliente comprás solito, siempre está lleno de carritos y de gente.
-Los voy a embromar, me voy a llevar esta oferta, te dan tres kilos de azafrán y pagás dos.
-¿Sos tarado, Bacigalupe? ¿Qué hacemos con tres kilos de azafrán? No los necesitamos aunque nos cobren cien gramos.
-Entonces voy a enloquecerlos. En vez de ir hasta el final del segundo pasillo, voy a volver cuando llegue a la mitad.
-Ya lo saben.
-¡¿Cómo que ya lo saben?! ¿Vos les dijiste algo?
-¡No! Lo que pasa es que antes la gente empezaba por el primero y terminaba por el último, como cosiendo el supermercado. Pero ahora son muy grandes, así que ellos saben que cuando llegues ahí, donde está el aceite, vas a dar vuelta. ¿Viste? ¡Girasteeee! Y a partir de ahora vas a elegir sólo algunos pasillos, vas a hacer una excursión hasta el medio y vas a volver. Y cuando llegues al final de la góndola te estará esperando una promotora para ofrecerte algo que vos no viniste a comprar.
-Ya que sabés tanto. ¿Tenés idea de por qué diablos ponen los huevos contra el piso? ¿Es para poder vender antirreumáticos?
-Pensá, mi amor, fijate: ¿cuántos niveles tiene la estantería?
-Cinco, pero te pregunté por qué ponen los huevos allá abajo.
-Porque los precisás sí o sí. A nivel de las manos lo que deja buen margen, y a nivel de los ojos las compras por impulsos.
-Te entiendo: los huevos por el piso y recién entramos. Pero mirá, en algunas cosas le erraron. Fijate este pasillo: se paró esa vieja a mirar los jabones y esa flaca a probarse perfumes, de frente viene un pelado y yo no puedo pasar porque cuatro carros a la vez no pasan. Acá se te quemaron los papeles.
-Ésa es la idea Bacigalupe, fijate: estás agarrando la pasta de dientes mientras esperás que pase el señor.
-¿Me vas a decir que me mandaron a la vieja, la flaca y el pelado para que yo compre la pasta de dientes?
-Más o menos. De cualquier manera nosotros no precisamos pasta de dientes y menos ésa que trae un cepillo de regalo, porque cepillos en el vasito tenemos más de quince… y somos dos, Bacigalupe!
-¿Cuánto hace que estamos acá adentro?
-Si no trajiste reloj no hay como saberlo. Como verás no hay un sólo reloj en las paredes y los relojes que venden tienen todos horas distintas. Es más, por más que busques no vas a encontrar ventanas y las puertas de vidrio te las taparon con publicidad. La idea es que ya no pertenecés al mundo ése que tiene problemas. Acá adentro no existe inseguridad, ni pobreza, ni inundaciones, ni sequías. Acá no vive Lacalle, ni Bordaberry ni Tabaré. este lugar es como para quedarse a vivir, es necesario que pierdas la noción del tiempo y compres más y más. ¡Afuera no existe! En invierno tenés calefacción, en verano aire acondicionado. Disfrutás y comprás. Estás en otro mundo, un mundo con otros colores…
-¿Colores?
-Sí, fijate: luces rojas en la carnicería para mejorar las carnes. Luces amarillas en los quesos. Luz brillante en la pescadería. Verde en la frut…¿Adónde vas?
-Sigo estas huellas pintadas en el piso.
-¿Sos tarado, Bacigalupe? Donde terminan esas huellas hay algo que no precisás esperando que lo compres.
-¿Vos estudiaste, vieja, o es de tanto venir?
-Dejá esos maníes que nadie los anotó en la lista. Arrancás por los maníes, pasás a las papitas, de ahí al vermouth y terminás comprando una tele para acompañar la picada. Eso se llama Venta de Arrastre. Fijate, al lado del asado pusieron la leña, el carbón, el mojo, los pinchos. las tablas, el kerosene, los fósforos y hasta la barbacoa.
-Pero en la verdulería los embromo. Me pusieron bandejitas con seis cebollas para que compre más de lo que preciso, así que me sirvo yo mismo, yo las peso y llevo lo que me dé la gana.
-También lo hacen adrede. Porque ellos saben que la mayoría de las personas no saben calcular y llevan más de lo que precisan. Por eso dejan que te sirvas vos, Bacigalupe.
-Bien pero estas cebollas están a 43 pesos.
-Avivate. Te ponen precios terminados en uno, tres y siete porque trasmiten sensación de precio justo. Les ponen también centésimos. Es como si el que pone los precios razonara: “esto es realmente lo que vale, si quisiera aumentarlo lo redondearía en cinco o en cero, y si quisiera mentir lo llevaría a terminar en nueve; esto sí que es lo que vale”. Fijate Bacigalupe, girá la cabeza: todo termina en uno, tres y siete, o tiene centésimos.
-¡Síííí, no puedo creer!
-Bien, ahora que estamos llegando a las cajas, vas a ver que todos sacan a pasear el carro lleno. Ya compraron todo, pero para ellos un carro lleno es una medida social, es como un auto o una casa. Tienen que mostrarlo. Nosotros, mientras tanto, vamos para la caja con este pan y esta leche. Eso sí, una última recomendación. Cuando lleguemos a la caja mandate unos mensajes de texto, hace alguna llamadita o buscá algo para leer, porque ahí se juegan la última carta.
-¿En la caja?
-Sí, son los últimos minutos que les queda para hacerte comprar algo que no precisás. Te ponen de todo al alcance de la mano.
-Mirá vieja, pilas, me acordé que tengo que llevar pilas.
-¡Nadaaa! ¿No ves que están puestas para que las agarres? Dale, llamá por teléfono, hacé algo. ¡Largá esos preservativos! ¡Noooo! Soltá ese salamín finito. ¡Noooo! ¡Aguantá un poquito más que estamos saliendo invictos!
-Ya está vieja. ¿Triunfamos?
-Pará. Me falta la última.
-¿La última?
-Le voy a preguntar a la cajera si quiere colaborar; si quiere donar dos pesos para comprarle una tenaza a Bacigalupe.
-¿Y pensás que te va a dar?
-No, pero si le gano de mano, no se va a animar a pedirme nada.
Marciano Durán

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