Artículo de Diario El Heraldo

Teatro en Florida


MARCIANO DURÁN DESDE LA ESCENA

De un viaje por las entrañas del uruguayo y su alter ego

Escribe: Fernando González

La propuesta teatral de “Nosotros” se presentó diferente ya desde el público que esperaba en el vestíbulo del “25 de Agosto” para entrar a la sala. Estaban aquellos con quienes comúnmente nos encontramos cada vez que la escena convoca, pero a ellos se sumaba -en crecido número- un grupo circunstancial: floridenses que llegaban exclusivamente convocados por Marciano Durán (amigos personales o lectores de sus crónicas que deseaban recrear la sonrisa), con llamativa presencia de jóvenes…

Unos 250 floridenses se dieron cita con la propuesta de dar dimensiones de teatro a las “crónicas de Marciano”, en la conjunción de los elencos de Maldonado: Club de Teatro “Fernandi­no” y “Clave de Murga”, con la dirección del también fernandino Oscar Tihista. La singular experiencia teatral recorrió muchos escenarios en Maldonado durante el pasado año y parte del corriente, pero llegó a Florida reestructurada, con la inclusión de nuevas escenas (recientes adaptaciones al teatro de textos de las crónicas más recientes del autor), por lo que varios de sus fragmentos resultaron estrenos.

Con una escenografía simple y a propósito, de módulos que fácilmente se adaptan a las dimensiones de los más variados escenarios, y un esquema lumínico coincidente en lograr funciona­lidad desde los mínimos recursos, la puesta es elocuente en cuanto a su concepción de “viajera”; lograda para poder presentar la obra en cualquier lugar y sin demasiadas complicaciones.

Tal resulta un acierto en tanto el tenor de sus atractivos está en el humor de los textos y el desempeño actoral, lo que “funciona” -como toda propuesta popular- tanto en un teatro como en un salón de baile o una plaza.

Los textos resultan especialmente disfrutables por el estilo humorístico y -a la vez- testimonial a que recurre Durán, comprometiéndonos vivencialmente con sus personales y las situaciones, enfrentándonos a nuestras propias “uruguayeces”, en lo que nos asumimos entrañablemente y con orgullo, y las contradicciones del alter ego que nos abochorna pero que reconocemos con la coherencia de reírnos de nuestras incoheren­cias.

En lo teatral el desafío de los textos, en su mayoría escritos a modo de monólogos, supuso un muy interesante ejercicio de búsqueda de recursos espaciales y de interpretación, lo que los protagonistas resuelven con acierto (más allá de algunos problemas de proyección sonora que la imposición frontal de nuestro teatro evidenció). La conjunción con la murga también apareció como un recurso muy acertado en lo teatral, a la vez que aportó una variable que -por sí misma- resultó un atractivo muy disfrutable.

El inicio en la voz de Marciano Durán, con un texto especialmente referido a Florida, y el final con Durán en escena, ofició como el recurso extra para comprometer al público desde las entrañas.

El eufórico aplauso final supuso el epílogo previsible casi desde el principio, pero fue también el premio objetivamente adecuado para un espectáculo que lució un nivel que no merecía menos.

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