mmAYER RECIBÍ UNA CARTA…

 

Por las persianas entornadas de mi casa, se escapa inevitablemente el orgullo… y los vecinos tratan de entender qué está pasando en la casa amarilla de los cipreses altos.
Por la chimenea larga de mi casa se trepa la emoción y se derrama sobre el techo, como si fuera la espuma del lavarropas y mis gatos huyen asustados para el techo de al lado.
Por debajo de la puerta del frente de mi casa se filtran algunas chispas de felicidad y los gorriones saltan hacia la calle a mirar desde allí espantados.
A bocanadas el honor invade nuestra vivienda y todos nos miramos confundidos.
Este marciano está feliz por las cosas que le pasan.
Es que…
…AYER RECIBÍ UNA CARTA DIRECTA DE CANADÁ.

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mmYo no soy normal, lo reconozco.

Yo no soy normal.
Lo reconozco.
Pero que no sea normal no quiere decir necesariamente que sea mala gente (es decir, puedo serlo pero por otras cosas)
¿A qué me refiero?
A que hay cosas que a todo el mundo le gusta y a mí no.
-¿Ejemplo?…dirá usted.
-Comprar- contesto yo.
Cuando me armaron les faltó ese chip.
No me gusta comprar.
Nada.
Por eso en mis paseos favoritos no está el shopping, ni la feria, ni el free shop, ni el Chuy.
Soy bastante cavernícola.
Sin embargo acabo de darme cuenta que la vida se está riendo de mí sentada atrás de la góndola de los lácteos.

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mmDESECHANDO LO DESECHABLE

Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.

No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

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