CONGRESO INTERNACIONAL DE FÚTBOL

CONGRESO INTERNACIONAL DE FÚTBOL
24 Y 25 DE MARZO DE 2007- Hotel San Marcos
Punta Del Este – Uruguay
“La formación de los jóvenes futbolistas”___________

Disertantes
Gustavo Ferrín – Uruguay Jorge Solari – Argentina

Jesús Chalela – Uruguay Julio Ribas – Uruguay

Dr. José Veloso – Uruguay Fernando Alvez – Uruguay

Daniel Onega – Argentina Julio Soster – Brasil

Jose Tejera – Uruguay Alberto Mena – Uruguay

Victor Pua – Uruguay Ademir Costa – Brasil

Lazaro “De Lem” Ruiz – Brasil Raul Moller Uruguay

Invitado especial: Marciano Durán

Intervención de Marciano Durán:

No hay dudas… el primer maestro es el padre.
Antes que el de la escuela o el del jardín: los primeros maestros son los padres.
Antes que cualquier pediatra, los primeros médicos son los padres.
Antes que el primer director técnico, los primeros entrenadores son los padres.
Señores… por si no lo sabían: los reyes son los padres.
O los padres son los reyes, para nuestros gurises.
Porque están ahí, al lado, siempre a mano, como un celular o como el control remoto de la tele.
Con todo lo bueno y todo lo malo que tiene ser el primero en opinar, el primero en influir, es decir… el primero en formar.

Sin dudas… por ahí comienzan a formarse nuestros futbolistas: en las canchas del pasillo que va a los dormitorios, en el patiecito de hormigón, en la vereda haciendo arco entre un plátano y la columna de la UTE y los domingos en la placita.

Allí estamos nosotros para decir ¡Presente!: los “PFF” “Padres Futbolistas Frustrados”, con mucha intención, con mucho tiempo, con mucho amor y con mu… y con dudosa capacidad.
PFF- Padres Futbolistas Frustrados
PFF Primeros Formadores de Futbolistas

Por eso cuando hace unos meses participamos en el Foro titulado “Los Roles del Fútbol Infantil en el Uruguay” contábamos con lujo de detalles lo que era la previa de un niño en la víspera de un partido importante.

Textualmente decíamos:

Esta noche no sé si voy a poder dormir.
¡Tengo un partido mañana!
Si le ganamos al Maracaná Juniors quedamos primeros y hasta capaz que pasamos a la final.
Estoy seguro que papá y mamá están orgullosos de mí.
Creo que esta noche no duermo.
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–¿Nicolás preparaste el bolso para mañana? — dijo una voz de mujer desde la cocina.
–¿¡Qué si lo preparé!? Lo preparé y lo revisé cinco veces…y por las dudas lo voy a revisar otra vez.
–¿Estás nervioso?
–¡Claaaaro! Si ganamos quedamos primeros. A ver…, zapatos, medias, canilleras, seeee, vendas, pantalón, mmm… camiseta. ¡Prontooo!! Todo pronto, voy a acostarme. ¿Sabés lo que me dijo el Matías? Que parece que mañana no ponen al Pelé, que está con gripe.
-¿No vas a mirar tele?
–No, me voy a acostar.
–¡No te puedo creer! Un sábado sin mirar televisión, esto hay que anotarlo en la pared.
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A la mañana temprano me desperté solo, sin despertador y sin que nadie me llamara. Tomé la leche y volví a revisar el bolso.
–Anoche te dabas vuelta para un lado y para otro y decías algo del juez y del Pelé
– dijo Matilde parada en la puerta de la cocina. ¿Tenés todo, Nicolás?
–¡¡Ufaaa!! ¿Otra vez? Te dije que anoche revisé el bolso cinco veces.
–Me parece que no te diste cuenta ¡Te está faltando lo más importante!
–¿Cómo lo más importante?
–Te falta Dieguito, tu hijo. El que juega es él mi amor, vos sos solamente
el papá del nene… y al nene no hay quien lo haga levantar.
–¡No te puedo creeeeer! ¿Cóoooomo que sigue durmiendo? Despertalo mamita, despertalo de una vez. ¡¡Tengo todo pronto desde ayer, no dormí en toda la noche y Dieguito no ha bajado los pies de la cama!!

De esa manera pintábamos el papel del padre, (o de los padres) en los primeros pasos de nuestros gurises en el fútbol.
La primera formación a la uruguaya, decíamos, aparecía en casa, antes que en la cancha.
La consigna parecería ser:
“No deje que ningún director técnico deforme a su hijo… hágalo usted mismo.
No se subestime, usted es capaz de eso y de mucho más”.

Y contábamos también en ese Foro sobre los primeros consejos paternos rumbo a la canchita, la primera formación camino al partido:

“Perfilate mejor en los corner. De frente a la pelota pero también de frente al arco, es como un medio perfil ¿Entendés?
Y vos no vuelvas. Que vuelvan los otros. Aunque te llamen de atrás, vos aguantate arriba.
Si tenés que comértela te la comés, no podés alimentar troncos. El que no sabe no sabe y al que no sabe que le enseñen, pero vos no tenés porque regar troncos todos los domingos.
Probá de lejos, el golero del Maracaná Juniors es chiquito. Aflojale con los centros, probalo de afuera del área.
Si el técnico te pide que te vuelques a la derecha no le des pelota… esa no es tu pierna, decile que sí pero como bobeando te volvés a la izquierda.
Si hay que poner una plancha ponela, acordate que Lucas, el back de ellos le tiene miedo a la patita. En la primera del partido avisale que estás ahí y que vas a volver. Ningún juez echa por un fau de ataque en los primeros cinco minutos.
Buscalos para que te peguen, si tenés que hablar hablá. El momento ideal es en un corner de ellos. Cuando todos estén atendiendo el área nuestra, te le acercás al Pablo y le decís algo que lo haga entrar.
Tírate… si te tocan tirate, buscá el penal. El mejor momento para tirarse es después de una pisada o de un caño. A los jueces les da lástima que le peguen a un habilidoso que acaba de tirar un caño. Ahí caés lesionado. Gritá Dieguito, gritá para que se escuche desde donde están las madres. Si al que te pegó no lo echan, lo dejás justo en el límite y le va a costar mucho marcarte de ahí en adelante.
Los penales son tuyos, aunque se lo hagan al Nacho. No te dejés garronear los penales.
El codito en los corner, acordate del codito, no seas tan inocente. Siempre vas regalado a los corner.
Si se nos complica hay que hacer tiempo, los cordones, desatate los cordones.
Si hay que reventar…reventamos, de punta y para afuera.
Si hay que cerrar el partido, hay que cerrarlo cueste lo que cueste.
Fijate de quien te abrazás si hacés un gol. No te regalés al santo botón con el técnico o con algún compañero que no valga la pena. Más vale que corras solo haciendo el avioncito y no te dejes alcanzar. Si te abrazás del técnico en un gol, quedás atado para siempre. El día que no andes bien con él te jodiste, no podés un domingo sí y otro no.
Las manos, se juega también con las manos. Cuando errás un gol te agarrás la cabeza, como diciendo “no puedo creer”. Si no te la dan, te señalás tus pies cuando termina la jugada como diciendo “hermano, pasala, estaba solo” En el suelo pegale con el puño a la tierra o una patada a algún cartel de chapa. Cuando hagas un gol golpeate el pecho, señalate el número en la espalda, o apuntando a la hinchada de ellos ponete las manos haciendo pantalla en las orejas como diciendo: A ver! ¿Quién estaba gritando recién?
La gente te mira y esos gestos son importantes.

Y terminábamos con una carta abierta de ese niño a su padre:

CARTA ABIERTA A MI PAPÁ QUE ME LLEVA AL FÚTBOL.

Querido papá, seguro que esta carta tiene algunas faltas, porque sigo confundiéndome la ese con la ce y de los acentos nunca me acuerdo.
Pero sé como se escribe fútbol… así que me vas a entender.
Quiero que sepas que me gusta que me acompañes todos los domingos a los partidos y que me lleves a las prácticas.
Quiero que sepas que te siento cerquita por todas esas cosas que hacés por mí.
Quiero que sepas que te quiero mucho.
Pero también quiero que sepas que hay cosas que no hago porque no sé hacerlas, no porque no quiera.
Porque soy un niño, papá.
Por eso me equivoco.
Porque soy un niño.
¿Sabés papá? No te enojes, pero… no me gusta que me grites desde el costado de la cancha.
Me da vergüenza que me digas lo que tengo que hacer delante de mis compañeros.
No me gusta que mi técnico escuche tus gritos.
El ya me dijo lo que tengo que hacer en el partido.
Tampoco me gusta que le grites al juez.
El juez no me hizo nada.
Y si me hubiera hecho algo…no lo insultes en mi nombre, porque yo no lo insultaría.
Quiero que todos mis compañeros jueguen, incluso los que saben menos que yo.
No me gusta que te enojes cuando me sacan para que entre otro.
Los que entran son mis amigos.
Esto es un juego papá, quiero divertirme.
¿De verdad vos sabías hacer todo lo que me pedís que yo haga?
¿De verdad vos le pegabas con las dos piernas?
¿De verdad eras tan buen jugador como me contás?
Yo sé que nunca me mentiste, así que quiero que recuerdes esas mañanas de domingo, cuando eras niño y trates de ponerte en mi lugar.
Yo se que me amás como a nadie, pero a veces tanto cariño lastima, papá.
Yo no quise errar el gol.
Yo quise hacerlo…pero no supe.
Ignacio…
¿Te acordás cuál es?
Mi amigo que hace natación.
Me contó que los padres no le gritan cuando nadan porque él no puede escuchar con las orejas abajo del agua.
A veces me gustaría jugar con las orejas abajo del agua.
Y me contó también que lo que dice el juez no se discute, que nadie le dice a un juez que lo está robando, y me contó que aplauden mucho al que llega último, y que nadie se puede mover del agua hasta que no llega el último nadador.
Y Joaquín -que juega al rugby- me contó que cuando terminan el segundo tiempo empieza el tercer tiempo y se juntan los dos cuadros y cantan y festejan. Dice que en el primer y en el segundo tiempo se preparan para ser jugadores de rugby y en el “tercer tiempo” para ser “hombres de rugby” y Fede que juega al básquetbol dice que…
No, yo no quiero cambiar de deporte, quiero jugar al fútbol, porque el fútbol es el mejor deporte que existe, papá.
Pero quiero tener el derecho a no ser campeón, el derecho a no tener que salvar a mi familia con un pase al exterior, el derecho a que no me griten mariquita si no devuelvo una patada, el derecho a no ser una futura estrella de la televisión, el derecho a que no le digan mujercita al compañero que llora en el partido.
Todavía somos niños, papá.
Quiero que recuerdes que nunca me preguntaste cual deporte quería practicar… es más ni siquiera me preguntaste si quería practicar algún deporte.
Me regalaste una pelota y una camiseta cuando apenas si sabía caminar y diste por entendido que me gustaba el fútbol… está bien, no te preocupes, claro que me gusta el fútbol, no le erraste papá, es el mejor deporte de todos.
Pero quiero que sepas que hay mañanas en que no tengo ganas de levantarme.
Quiero que sepas que a veces estoy cansado.
Quiero que sepas que no me han enseñado a hacer todo lo que saben hacer los grandes, no han tenido tiempo de enseñármelo.
Quiero que sepas que no soy un hombre chiquito, soy un niño jugando a un juego de niños.
Y por sobre todas las cosas… quiero seguir jugando al fútbol y que estés siempre a mi lado para llevarme a las canchas, hasta el día en que empiece a llevarte yo.
Porque a pesar de todo lo que te conté en la carta, el fútbol y vos, son dos de las mejores cosas que me han pasado.

Claaaaro, nuestro pequeño hijo creció y dejó atrás el fútbol infantil.
Y a pesar de nosotros, es decir a pesar de los PFF, consiguió llegar a inferiores.

Así que –crecidito el nene– tuvimos que cambiar el discurso.
Ya no alcanzaba con los consejos más o menos elementales de cómo pegarle en un tiro libre o como cabecear en un corner.
Los padres empezamos a marcarle caminos un poco más complejos, porque el futuro se presentaba más complejo.
Había que hablar con un gurí de 16, 17, 18 años que como buen adolescente escuchaba poco y hablaba menos.
Había que plantearse objetivos más serios.
Había que pensar en reverdecer los títulos de este país.
Así que con la patrona nos empezamos a preocupar y a prepararnos en serio:

–Dieguito ¿Vos estás seguro que el tipo que te dirige sabe algo? ¿En qué cuadro me dijiste que jugó? ¿Vos no preferís que te oriente yo? Más que yo no te quiere nadie y si a vos te va bien le va a ir bien a tu madre, a tus hermanos y a los abuelos. ¿Te imaginás si nos venden… eeeh, si te venden para Italia?

–¿Vos estás chapita, papá? ¿Vos te crees que es tan fácil que me lleven a Italia?

–¿Ves? La autoestima por el piso. ¡Viejaaaa! ¡Matildeee! Al Dieguito hay que meterle mentalidad ganadora. Yo tengo que orientarte, Dieguito. Voy a probar con un análisis sistemático a ver si llegamos a un entrenamiento integrado, multidimensional y específico.

–No te entendí un caramelo, viejo.

–Por que no me estás escuchando. Ponete las pilas Dieguito, porque nos va la vida a todos. Tenemos que formarte para que llegues a triunfar. Esto es importante, escuchá: Planificación más rutina más perfeccionamiento ¿es igual a?

–¡17! Yo que sé a que es igual papá.

–A profesionalismo. Eso es el profesionalismo ¡Y ahí es adonde tenemos que ir!

–Pero…papá… yo lo que puedo hacer es jugar los domingos y…

–¡Noooo! Tenemos que encontrar la proyección profesional. Mirá, si sumamos capacidad de rendimiento, más capacidad de juego, más educación, más imagen, más relaciones públicas llegamos sin que vos te des cuenta a la Proyección Profesional.
No es difícil, solo tenés que repetirlo hasta que lo sepas decir de memoria.

–Pero papá, yo lo que quiero es jugar al fútbol.

–¡Y daaaale con la pelotita! Yo me preparé toda una vida para preparar. ¡Vamos! Parate, vamos a ver el perfil metabólico funcional y neuromotriz específico.

–¿Qué me vas a ver?

–¡Daaaaaale Dieguito! Mirá, lo primero es que no le des mucha pelota al entrenador, el tipo si supiera algo no iba estar trabajando en este cuadrito de morondanga que a vos te quedó chico hace rato. Vos escuchame a mí. A ver si me hago entender, voy a tratar de ser ameno.

–A meno que no te banque más. Toy pa dejar por acá.

–Pará, tranquilizate. Dejame decirte que la resistencia específica debe respetar el contacto de alternancia de los esfuerzos alácticos predominantes con alta restauración aeróbica y bajas tasas de lactato ¿Sabés para qué?

–No, ni idea

–Para evitar las afecciones producidas por la caída del PH.

–¿Del PH? Del Pepe Herrera.

–Creo que te negás a aprender. Escucháme Dieguito, tres pasos, solo tres pasos tenés que dar.

–¿Antes de tirar un penal?

–No, los tres pasos son: 1) Entender correctamente una situación de juego. 2) Tomar la decisión adecuada y 3) Ejecutar la acción veloz y apropiadamente. ¿Está claro?

–No

–¿Cómo que no? ¡Involucrate más en el proceso de enseñanza-aprendizaje! No estás metido, Dieguito. Hay que entrar en un proceso cíclico e investigativo de planificación-observación-reflexión. ¡Tenemos que ganar algo!

–Papá

–Sí, Dieguito.

–¡Hablaste al pepe tanto rato, para decirlo todo al final!

–Ahora el que no te entiende soy yo.

–¡Tenemos que ganar a algo! Eso dijiste, ese fue el resumen de todo tu discurso.
No dijiste tenés que jugar bien, ni siquiera dijiste tenés que ganar algo, dijiste tenemos…

–No Dieguito, no entendés. Lo que a nosotros nos preocupa…

–¿Nosotros? ¿Qué nosotros? ¿En nombre de quienes estás hablando? No te estarás refiriendo a tu generación ¿no? O peor aún, a varias generaciones juntas. ¿No será que estás hablando de la vida en lugar de hablar de fútbol?
¿No estarás hablando del país en vez de hablar del equipo?

–Insisto en que no te entiendo,

–Yo si te entiendo. En este país hace 50 años que están esperando a alguien que los salve, están esperando al 9 que los conduzca a otro Maracaná.
¿No estarán pensando que GustavoVarela desciende de Obdulio y de José Pedro?
¿Que Gargano juega en Wanderers y en la cancillería? ¿Que Saravia está en la Mutual y en las cuchillas?
¿No estarán mezclando las cosas, no?
¿Sabés qué, papá? Me parece que lo que ustedes buscan es un cinco que libere la patria.
Un volante que traiga prosperidad.

¿Quieren que nuestra generación gane la copa del mundo?
Se les pasó el cuarto puesto de México y se olvidaron de festejarlo.
¿En que cuadro querés que sea titular?
¿En Suiza?
¿En cuál Suiza, en la de América?

–No Dieguito, yo te estoy hablando de formar jugadores.

–No papá, estás tratando que alguien saque las castañas del fuego.
Lo que no le pedís al ciclismo, a la literatura o a la política se lo pedís al fútbol.
Están esperando al salvador que la clave en el ángulo.
No estás formando jugadores, viejo, estás reclamando que hagamos nosotros lo que no hicieron los demás.
Querés que las sub 20 de este país sean la esperanza de todos los post-20.
Y a mí no me interesa ser la esperanza de nadie, yo quiero ser el presente mío.
Solamente quiero jugar al fútbol, no quiero ser parte del equipo que solucione los pasados pendientes.

El bolso de la esperanza lo pueden cargar ustedes.

¿Sabés una cosa viejo?

Yo no sé jugar al fútbol con una mochila puesta.

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