CREO QUE DI EN LA TECLA

Carlos, te envío de acuerdo a lo convenido el artículo para el diario:

Todo parecía indicar que iba ser un día igual a cualquier otro, de hecho a las ocho ya estaba levantado, desayunado, y había despertado a Estrella.

Ocho y diez corría intentando llegar al colectivo de las ocho y treinta.

En realidad el “uno” pasaba ocho y treinta y cinco y había que estar justo a esa hora para no perderlo.

Y allí estaba.

La bajadita de la ruta lo hacía visible desde varias cuadras antes. Su serpenteo cotidiano, era ya una película repetida.

Aparecía, frenaba, subían los niños con túnicas, arrancaba, no alcanzaba a agarrar velocidad cuando paraba para que subiera el gordo del bolso verde, y unos segundos después, igual que todos los días se colocaba desafiante en nuestra parada con la invitación a subir que nos hacia su puerta delantera y chillona.

Carlos, te envío de acuerdo a lo convenido el artículo para el diario:

Todo parecía indicar que iba ser un día igual a cualquier otro, de hecho a las ocho ya estaba levantado, desayunado, y había despertado a Estrella.

Ocho y diez corría intentando llegar al colectivo de las ocho y treinta.

En realidad el “uno” pasaba ocho y treinta y cinco y había que estar justo a esa hora para no perderlo.

Y allí estaba.

La bajadita de la ruta lo hacía visible desde varias cuadras antes. Su serpenteo cotidiano, era ya una película repetida.

Aparecía, frenaba, subían los niños con túnicas, arrancaba, no alcanzaba a agarrar velocidad cuando paraba para que subiera el gordo del bolso verde, y unos segundos después, igual que todos los días se colocaba desafiante en nuestra parada con la invitación a subir que nos hacia su puerta delantera y chillona.

-“Buen día Carlos, va bien?”- dije todavía con un pie en la vereda

-“Buen día Sergio, sí…. todo bien”- susurró la voz , repetida, ronca y pausada del chofer.

Igual que todos los días, fui hacia el final del pasillo, contra la ventanilla, donde Lucas guardaba un asiento.

-“Buen día Lucas, linda –añana no?”-

-“Si”- contestó Lucas -“por suerte dejó de llover. Era hora de que saliera el sol. Ojalá aguante todo el fin de se—ana”.-

-“No te entiendo Lucas, ¡¡¿dijiste “se–ana”?!! –e pareció que –e dijiste “se–ana.”!!!

-¡¡”Sii!! ¡No puedo creerlo! Quiero decirlo bien, pero algo esta sucediendo! No consigo pronunciar la letra e–e. ¡¡Es co–o si alguien –e la hubiera robado!!.

Corrí por el pasillo tratando de entender qué estaba pasando. Sin darle ninguna explicación le pregunté al chofer: “¿-Sergio, cual es la próxi–a parada?”-

-” La próxi–a es la parada uno, ¿qué te pasa?,¿ te sentís –al?”-

Llegué corriendo al trabajo derecho al teléfono: disqué con toda la rapidez que pude: 223333 “Intendencia –unicipal de –aldonado, habla –arisa.”-

Colgué, para salir de dudas disqué a otro teléfono: una voz segura, robotizada y conocida contestó:

“…las 9 horas, 33 –inutos, 20 segundos…”

El diario de ese día descansaba sobre el escritorio, lo agarré ahora ya con desesperación, la tapa no dejaba dudas: “—edio Oriente en guerra.”

Al costado una foto y al pie la leyenda: “Diez palestinos –uertos es el saldo de los enfrenta–ientos del

–artes”.

Prendí la tele y ya estaban todos con la noticia: “Algo extraño está sucediendo en el –undo, por alguna razón que no pode–os deter–inar, ha desaparecido la letra e–e, es decir la letra que está después de la elle y antes de la ene.

De acuerdo a lo que infor–an las agencias internacionales esto está sucediendo en todo el –undo. Los gobiernos de todo el planeta están tratando de entender que es lo que está pasando. Lo cierto es que la letra e–e ha desaparecido de nuestro idio–a.”.

Las escenas se repetían en todos los hogares de todos los países, los niños gritaban “–a–á” sin entender lo que estaba sucediendo., una cadena de ha–burguesas perdía todos sus letreros, el –ercosur dejaba de funcionar, –éxico cerraba sus fronteras, el –editerraneo co—enzaba a secarse, –arte ya no se veía ni con telescopios, en las escuelas las –aestras eran reemplazadas por las directoras y por los porteros. Los curanderos hacían de –édicos. Los se–áforos se apagaban y el caos en las ciudades era total. Los ca—iones caían en las carreteras y los ca—inos se bloqueaban.

–ientras tanto en Uruguay la gente salía a festejar a las calles:

Ya no le debería–os nada al F–I, –ayonesa no se volvería a escuchar en las radios, y –endez no sería citado por Púa para Japón.

–arciano Durán

Esti—ado Carlos, espero que te haya gustado, se –e ro–pió el teclado.

–e falta una letra y co–o no tenía tie–po de hacerlo ver por el técnico –e las arreglé co–o pude.

–añana te lla—o o te –ando un –ail.

–arciano.

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