DOMINGOS EN FAMILIA

Hacía tiempo que no venía por la Intendencia

La última vez vine a pagar la patente de la moto.

Pensé que iba a ser un trámite muy sencillo, sin embargo….lo primero que me extrañó fue el humo y el olor a churrasco que inundaba toda la sección. Lo siguiente fue ver que la funcionaria tenía puesto sobre el uniforme un prolijo delantal rojo, con volados blancos, que le hacía juego con los biblioratos que estaban sobre el escritorio.

Un hermoso detalle.

Hacía tiempo que no venía por la Intendencia

La última vez vine a pagar la patente de la moto.

Pensé que iba a ser un trámite muy sencillo, sin embargo….lo primero que me extrañó fue el humo y el olor a churrasco que inundaba toda la sección. Lo siguiente fue ver que la funcionaria tenía puesto sobre el uniforme un prolijo delantal rojo, con volados blancos, que le hacía juego con los biblioratos que estaban sobre el escritorio.

Un hermoso detalle.

“-Buen día”- dije evitando la tos y tratando de despejar el humo con mi mano derecha.

“-Buen día señor”-, contestó la funcionaria mientras daba vuelta un churrasco en una garrafa de tres kilos que tenía sobre su escritorio. “Disculpe… ya lo atiendo ¿Sacó número señor?”- preguntó a la vez que se daba vuelta a hablar con alguien a quien yo no alcanzaba a ver –“ ¡Vieeejoooo! ¿vos cambiaste la garrafa? Estos churrascos me están quedando hervidos” gritó con naturalidad hacia el fondo.

“Ya sé” –pensé- “entré en la puerta equivocada”, y salí al pasillo para ver adonde me había metido. Leí el cartelito de la puerta, no había ninguna duda… era la Intendencia. Entré otra vez.

La funcionaria que me había atendido parecía estar ahora atrás de un biombo, a juzgar por unos zapatos con tacos que alcancé a ver por allí abajo. Aproveché para hablar con un joven que leía sentado en un segundo escritorio: “-Perdón… ¿tú eres funcionario?, Mira, necesito que me sellen este formulario y…”

“Discúlpeme señor” me interrumpió con mucha educación, “discúlpeme” –repitió amablemente – “pero yo entro al liceo en 10 minutos, ¡Mamaaaaá ¿demoran mucho los churrascos? ¡Hay un tipo que precisa un sellado o algo así, ¿vos podés atenderlo? ¡La Gladys esta llorando!

Mientras esperaba la respuesta tuve unos segundos para percatarme de algunos detalles en los que no había reparado: una cuerda unía el biombo con el archivero y de ellas colgaban una camiseta, una sábana, un soutien y algunos calcetines; abajo una estufa pretendía secarlos. En un corralito una niña de un año y medio jugaba con unos sellitos y con el teclado de una computadora. Con los numeritos que yo debí haber retirado al entrar, le habían hecho unas hermosas guirnaldas que rodeaban graciosamente el corralito.

Quedaban lindos.

“Yo ahora no puedo!!” gritó la señora desde atrás del biombo –“llamá a tu abuela que para eso es grado 10, que se moleste ella alguna vez.”

“-Mami, vos sos grado 11, no seas mala”, acotó con sutileza el joven

“Si te molestás tanto, atendelo vos que sos grado 9”, le contestó la mamá algo tapada por el ruido de una licuadora.

Cuando comenzaba a impacientarme, desde atrás del mismo biombo apareció una señora mayor con guantes de goma, pantuflas peludas y un escardillo en la mano: “¿Sacó número joven?” me preguntó sin siquiera mirarme.

-“No señora, porque los números están en el corralito. Pero necesito solo un sello, creo que es ese que está chupando la Gladys”. (le dije tratando de ganarme su confianza.)

Como si no me hubiera estado escuchando, giró en sus pantuflas y gritó para el fondo: “ ¡Esta niña se hizo caca!, tu marido –el grado 12- ¿no pensará venir a darnos una mano?

-“Yo no quisiera molestar a ningún grado 12 señora, me alcanza con que le pida a la Gladys el sellito” dije tratando de no molestar y prendiendo un cigarro para intentar calmarme.

“Mire joven, le voy a decir dos cosas, uno: no se meta con mi familia y dos: el cigarrito…en la vereda.

Apagué el cigarro, y algo nervioso pregunté si no había nadie más que me pudiera atender.

“Sí señor”, me dijo la señora con un notorio exceso de amabilidad , “mi cuñada la grado 11 pero ahora está en otra sección, aguántese un poquito que están por llegar mis sobrinos, los mellizos, que son grado 10.

“¿5 cada uno?” pregunté al borde de la histeria.

“Noooo” entre los dos son 20”

“¡¡¡Nooooooo!!!!” grité absolutamente descolocado.

¡No, no, noooo! No sopoooorto mas!!!! grité mientras dos guardias me hacían señas para que me callara, ¡Nooooo!! grité mientras los guardias se me acercaban ¡Nooo! Aullé, a la vez que me alzaban uno de cada brazo.- ¡No me toquen!, ¡suéltenme!! Volví a gritar con los pies en el aire y ya casi afuera de la oficina, ¡¡Bajenme!! vociferé mientras escuchaba que decían algo del estrés y de lo nerviosa que está la gente.

Cuando atravesaba -en el aire- la puerta, alcancé a girar la cabeza, y sostenido de los brazos, con los pies pegándole al aire, despeinado, con los lentes torcidos y empapado en traspiración, junté las pocas fuerzas que me quedaban y les grité: ¡Que San Pedro, Jesús y alguno de los santos los perdonen!!

“No creo” dijo la viejita con una carpeta y un repollo en la mano, “porque San Pedro es de la policía, De los Santos es edil y Jesús no es de esta Sección”.

“Tiene razón la madrina”, murmuró bajito el guardia

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