Donde fueron a parar

-¡Sentados por favor niños! ¡No quiero a nadie levantado del asiento ni caminando por el pasillo! ¡Santiaguito cierre esa ventanilla! ¡Rodrigo, siéntese que el chofer puede frenar de golpe! ¡Cololó, recién salimos de la escuela y ya fue tres veces al baño! ¿Qué le pasa? ¡Magdalena! ¿Su madre no quedó de venir a ayudarme?

¡Silencio por favoooor! Vamos a repasar un poco la clase de hoy ¿Dónde estamos yendo?

-Al museo Mazzoni señorita –contestó el menor de todos.

-Muy bien Cololó, y… ¿por qué estamos yendo al museo Mazzoni?

-¡Sentados por favor niños! ¡No quiero a nadie levantado del asiento ni caminando por el pasillo! ¡Santiaguito cierre esa ventanilla! ¡Rodrigo, siéntese que el chofer puede frenar de golpe! ¡Cololó, recién salimos de la escuela y ya fue tres veces al baño! ¿Qué le pasa? ¡Magdalena! ¿Su madre no quedó de venir a ayudarme?

¡Silencio por favoooor! Vamos a repasar un poco la clase de hoy ¿Dónde estamos yendo?

-Al museo Mazzoni señorita –contestó el menor de todos.

-Muy bien Cololó, y… ¿por qué estamos yendo al museo Mazzoni?

-Porque es el Día del Matrimonio señorita maestra- dijo Cololó desde el fondo del ómnibus.

-Del PA-trimonio Cololó, Pa-trimonio ¿Y qué vamos a ver en el Museo Mazzoni?

-Eso…señorita…eso que no me acuerdo como se llama…que usted nos contó que antes había muchos y que después se fueron terminando.

-¿Alguien puede ayudar a Cololó? ¿Alguien se acuerda que es lo que vamos a ver? ¿Sebastián? dijo la maestra dirigiéndose al niño que estaba a su lado.

-Yo… bien… bien no me acuerdo el nombre maestra pero mi papá me contó que él una vez vio uno, pero hace muchos años- contestó Sebastián desde su asiento contra la ventanilla.

-Bien… ya veo que me van a hacer pasar vergüenza delante de la inspectora- dijo la maestra parándose en medio del pasillo. Repasemos un poco lo que les conté: Hace unos años, de cada 10 personas que vivían en Maldonado, 3 eran de acá y 7 del resto del país. Cada vez era más difícil encontrar gente nacida en Maldonado que tuviera más de 40 años. Con el pasar del tiempo empezaron a escasear más y más. Los rochenses tomaron uno de los principales barrios de la ciudad y la gente de Minas ocupó lo que antes se llamaba Barrio Sarubi. Los floridenses se ubicaron al norte y los montevideanos tomaron la parte oeste. Poco a poco fueron desapareciendo los nacidos y criados en Maldonado. Se reagruparon los pocos que quedaban y fundaron el Club de los Residentes de Maldonado en Maldonado.

El tiempo fue pasando hasta que llegamos al día de hoy en que nos dirigimos al Museo Mazzoni a ver ¿qué cosa?

-¿Un fernidiano maestra?

-¡No Victoria, no! Lo que vamos a ver es una ejemplar vivo de un Fer-nan-di-no- dijo la maestra comenzando a perder la línea.

-¿Ese señor vive ahí todo el año, maestra?

-¡No, Victoria! ¿Cómo se te ocurre que alguien pueda vivir en un museo? Este señor es uno de los pocos que quedan y lo llevan todos los años en esta fecha para que las distintas generaciones puedan conocer a un ejemplar en vías de extinción.

-¿Tiene dos piernas y todo eso maestra?-preguntó Pablo

-¡Pero!…¿Cómo se te ocurre Pablito? Claro que tiene dos piernas y dos brazos y todo eso, un fernandino es igual a nosotros, se diferencia en que en su credencial no aparece ningún traslado pero igualmente vota acá.

-¿Hay que ponerse lejos por las dudas?

-¡Noooo! ¡Cololó por favor! Piense un poquito antes de hablar, un fernandino es como nosotros, salvo que cuenta cosas raras.

-¿Cómo qué maestra?

-Bueno…les va a contar que nació en La Sala.

-¿En un living?

-No Pablito, en La Sala, donde está la escuela.

-¿En el living de la escuela?

-No Pablito. Les va a contar que viajaba en los ómnibus marrones.

-¡Ah bueno!- dijo Cololó- además de sólo… daltónico.

-Lo que trato de decirles es que viajaba en ETEMPE.

-¿Qué viajaba en el tiempo?

-¡¡Noooo!!, en ETEMPE, que entraban y salían por Gorlero…

-…maestra ¿usted estuvo tomando algo?

………………………..

Esa tarde, el fernandino, como tantas otras tardes, habló extensamente con los visitantes. Les contó que comía en lo de Julio Sosa, compraba cigarrillos en los kioscos de la plaza, pescaba en el muelle de la 24, sacaba agua de la Cachimba del Rey, se sentaba en el terraplén de la vía, lo llevaban a las calesitas de Santa Teresa, esperaba la Onda en la Colonial, iba a las matinés del Plaza, bailaba en el Cycles Peñarol, tomaba una en el Marco de los Reyes y era hincha de La Torre Miramar. Les contó que cuando no jugaba en la cancha de la parada 4 jugaba en la del Península, que el Profe Bengoechea le daba clases de literatura, que comía bizcochos de la Montevideana, que iba a cazar a las barrancas del Camino de los Gauchos, y que veía la selección en el Ginés Cairo.

Y después….les habló del Hospital Marítimo, del Teatro Fernandino y del tanque de la Plaza Lafone, del Ciudad de Santander, del Hotel Central y de La Popular. Y les habló de la Escuela de Niñas, de la balsa de la Barra, de la Comercial del Este, de El Conciliador y de la Plaza del Recreo.

Y al terminar la charla, les contó la mejor formación de la Selección de Maldonado: “Alanís al arco, una línea de cuatro de Brioso, Franca, García y Jayme. Francisco Pérez, Moleras y Moreno en el medio; Sánchez, Tornel y Vivas atacando.”

A la noche –como siempre- se juntó con sus amigos y entre risas les dijo: “¡Otra vez lo mismo!….Me preguntaron por la mejor selección que haya visto y les di el nombre de los primeros pobladores de Maldonado, pero nadie se dio cuenta… ni siquiera la inspectora.”

CategoríasSin categoría

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *