EL CAÑO DEL GRAN HERMANO

Yo no sé si me cambió el metabolismo… si me están apedreando las hormonas… o si los programas que miro en la tele me descontrolan la pituitaria.
Supongo que es eso.
Supongo que los temblequeos son de tanto mirar los caños y los grandes hermanos.
Lo raro es que mi mujer también los mira, pero es como si no se diera cuenta de lo que ve, porque…

–¿En qué pensás, Alcides? Estás como dormido con los ojos abiertos. Tenés cara de Gregorio mirando a Serafín García.

–Eehhh… no, nada. Pensaba en Tinelli y en El Gran Hermano. En las mujeres que aparecen. Vos sabés que de tanto mirarlo… ¿cómo te voy a decir? Eeeh… de tanto mirarlo me dan ganas de invitarte a… esteee… a …no lo tomes a mal ¿no?…me dan ganas de invitarte… a lavar los vidrios del dormitorio.

–¿Me querés decir… lo que yo creo que me querés decir?

–¡Sep!

–¡Sos un degenerado! ¿Para eso mirás televisión? ¡Cabeza podrida!

–No Sandra, no. Pero esos programas están más salados que comer maní mirando ISAT los viernes a la medianoche.

–¡Sssshhhh! Los niños no se han dormido.

–Pero yo lo único que te propuse fue lavar los vidrios del dormitorio.

–Estás enfermo, Alcides. No entiendo qué relación hacés entre una cosa y la otra. Por otra parte parece que te olvidaste que los lavamos hace un mes.

–¡Me acuerdo, Sandrita, me acuerdo perfectamente! ¡38 días, 19 horas, 15 minutos! Y a mí me parece que por culpa de la televisión estamos espaciando mucho la limpieza.
Me siento más solo que Castillo en Peñarol. No te digo una lavadita de vidrios por día, pero por lo menos no te hagas la Tabaré.

–¿La Tabaré?

–Sí, si por vos fueras festejabas todos los feriados en un solo día. Si por vos fueras desfilábamos solamente el 19 de junio. Y nunca más.

–Pero… ¿vos te viste el lampazo, Alcides?


–¿Qué tenés que decir de mi lampazo?

–Que tendrías que haber visto el de Meza cuando estaba durmiendo en la Casa del Gran Hermano o el de Maxi bailando con la Calabró.

–Te entiendo menos que a la Reforma Tributaria ¿No era que vos mirabas esos programas para saber cómo bailan o para estudiar como se relacionan las personas en una situación extrema? Eso me habías dicho, Sandra.

–Sí, para eso los miro. Y gracias a que los veo me enteré de que hay distintos tipos de lampazos en los supermercados. Y de que me tenías engañada con que eran todos iguales.

–¡Sos injusta, Sandra! Sabés bien que lo importante no es el tamaño del lampazo sino cómo se lo pasa por el vidrio. Y yo lo hago con gracia y agilidad.

–¿Agilidad Alcides? ¡Lo tuyo no es agilidad, lo tuyo es velocidad! ¿Querés sinónimos? ¡Rapidez, apuro, precocidad! Así que mejor… tranquilizate viejo.

–Está bien, yo me tranquilizo, pero entonces vos cambiá de canal porque a mi esos programas me ponen nervioso. Vení, vení al baño y al dormitorio que te voy a mostrar una cosa.

–Vos andás en algo raaaaro, Alciiiides. Creo que te estás tomando la televisión en un sentido degenerado que no tiene. ¡Pe-pe-pero!… ¿Qué hiciste en la ducha? ¿Qué es eso que ataste con alambres?

–Es la filmadora de tu prima. Me la prestó y la até ahí para cuando te vayas a duchar. Pensé que…

–¡Ni se te ocurra, degenerado! ¡Andá al siquiatra, morboso! ¡¿Cómo vas a pensar que yo…?! ¿Qué hiciste en el dormitorio?

–Vení, acompañame. ¿Te acordás de que hace tiempo tenemos tirado en el pasillo del fondo el coso ese con el que tropezamos cada vez que pasamos?

–No, no sé de qué me hablás.

–De cuando cambiamos por la TV Cable.

–Sigo sin entenderte, Alcides.

–El caño de la antena, que ya no nos servía para nada. ¡Mirá…!

–¡Pero vos estás para internar! ¡¿Cómo se te ocurrió amurar un caño en el medio del dormitorio!?

–Te lo dije Sandrita. Como yo me di cuenta de que te gusta tanto, pensé que a lo mejor yo podría…

–¡No pienses más! Yo lo que miro es el baile, los bailarines, la danza, la música, el vestuario, la coreografía. ¡Como todo el mundo!

–Pero vieja…eso no es un baile, eso es un pericón.

–¿Un pericón?

–Sí, es un baile con relaciones. Él le mueve la pelvis en la cara, ella se agacha como para lavarse los dientes en un balde. Después hace como que se la va …

–¡Callate degenerado, que están los niños despiertos!

–Los niños están mirando el baile del caño en el otro televisor. ¿Adónde vas?

–A buscar la tarjeta del psicólogo que nos recomendaron para Martincito. Tenés que ir al confesionar… digo… al consultorio urgente. Vos tenés una fijación con el sexo. ¡Al loquero, al loquero con vos! ¡Semejaaaante televidente y no sabés diferenciar las cosas! Vos ves sexo donde los demás vemos arte. ¡Eso es el arte!

–¡Helarte es cuando me tocas con los pies fríos de noche, vieja! ¡Los pies fríos, las manos frías, la cara fría! Lo único caliente de esta casa es el control remoto de la tele de tanto pasar del 4 al 12 y del 12 al 4.

–¡Mi madre me lo advirtió, Alcides! “Te vas a casar con un tipo que además de vago es un degenerado”.

— Puede ser… puede ser, por ahí estoy un poquito zafado. Pero… ¿vos la viste a la Nazarena Vélez?

–Sí, la vi… ¿Y?

–Que yo la vi cuando se metía a la bañera y otra vez se me ocurrió lo de los vidrios. ¿Vos estás segura vieja de que no lo hacen con doble intención?

–De lo que estoy segura es de que estás enfermo.

–Sí, estoy un poco caliente. Debo tener fiebre.

–Entonces acostate. Y hablá despacio que la María Fernanda está contando lo del juguete que se llevó a la casa, y van a mostrar cuando Nino probó a ver si se daban cuenta que … pero… ¡mirá lo que me hacés decir! Andá a acostarte Alcides, andá que no estás bien. Acostate y descansá.

–No puedo descansar. Desde que ponés ese programa, sueño que me encuentro con dos bailarinas. Todas las noches sueño lo mismo.

–¿La Nazarena y la Calabró?

–No. La Florencia y la Abigail.

–¿Y qué te hacen en el sueño?

–Lambadas… digo…no…esteee… es como una pesadilla. Sueño que las dos me introducen en esta nueva disciplina del baile. No sé, Sandra, no es que sea homofóbico, pero… ¿se les terminaron las mujeres?

–¿Tenés algo contra ellas?

–¡Noooo, ni se te ocurra! Más bien es por los que bailan con ellas, o con ellos o como se diga. Me hacen acordar a Mazurkiewicz. ¡Cóóómo se colgaba del travesaño, Mazurkiewicz! ¿Vos estás segura de que las llevan por el arte y la danza y que no es para que la gente se ratonee?

–Por supuesto. No hay diferencias con una mujer.

–Hay una, vieja. Pero ¿sabés una cosa? me convenciste…me voy.

–¿Adónde vas?

–A mirar tele.

-¿Qué vas a ver?

–El Canal Retro, hoy pasan una de la Coca Sarli.

–¡Vos seguí nomás, degenerado!

–Estás errada Sandrita, yo a la Coca lo único que le miro… son las actuaciones.

–¿Estás seguro que lo único que le mirás son las actuaciones?

–Sí. Las dos.

Marciano Durán
Junio 2007

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