EL PADRINO IV

Fue mi padrino el que me explicó los secretos de la vida.

Mis padres me dejaron mucho dinero pero yo no he sido bueno a la hora de invertir. Nunca tuve claro en que gastarlo.

Por suerte siempre tuve a mi lado a padrino para asesorarme en los negocios.

Él siempre me decía:

-Hay que tener los huevos en distintas canastas… ¡Es por seguridaaaad!-

Era la manera de decirme que tenía que guardar el dinero en distintos lugares.

-Mirá- me dijo- una parte metela en un banco del exterior que siempre están ajenos a los problemas políticos del país… así que mandé unos pesos al Banco de Galicia.

Fue mi padrino el que me explicó los secretos de la vida.

Mis padres me dejaron mucho dinero pero yo no he sido bueno a la hora de invertir. Nunca tuve claro en que gastarlo.

Por suerte siempre tuve a mi lado a padrino para asesorarme en los negocios.

Él siempre me decía:

-Hay que tener los huevos en distintas canastas… ¡Es por seguridaaaad!-

Era la manera de decirme que tenía que guardar el dinero en distintos lugares.

-Mirá- me dijo- una parte metela en un banco del exterior que siempre están ajenos a los problemas políticos del país… así que mandé unos pesos al Banco de Galicia.

Después me dijo:

–Depositá otra parte en el Banco de Crédito que es muy seguro y si huelen algo te lo mandan a las Islas Caimán y de allí lo recuperás enseguida. Otra parte para estar “seguro-seguro”, llevala a cofres de seguridad; yo tengo un amigo que es gerente de un banco en Pando, puedo hablar con él.

Pasale unos dólares a los Peirano para que te los cuiden que son gente confiable.

Hay que tener los huevos en distintas canastas, ¡Es por seguridaaaaad!!- siempre me decía lo mismo- el resto escondela en tu casa.

Se salvó la de casa.

Pero como era mucho dinero me dio igualmente para hacer algunos negocios.

Mi padrino me hizo comprar dólares a 31 pesos y ahora estoy esperando para venderlos y llenarme de guita con la diferencia.

Me acuerdo una vez que habían anunciado un eclipse de sol. Padrino me embaló para poner un autocine y aprovechar para hacer una matinée.

Calculé que se iba a llenar de gurises.

Después los tipos de una consultora me dijeron que era mucha la inversión para tan poco tiempo de demanda y cosas por el estilo.

Un día apareció con la idea de poner un kiosco en la Plaza de Maldonado.

Dos días lo tuve.

Por suerte salté por una ventana justo cuando se me venía arriba la topadora y la aplanadora.

Voté a los colorados porque padrino me dijo:

-Ganamos y nos acomodamos para siempre.

Por las dudas pusimos unos pesos para la campaña de los blancos en Maldonado y la del Frente Amplio en Rivera.

Para no perder en ningún lugar.

Este año se me ocurrió una buena idea: puse una vidriería en pleno centro de Maldonado. Pero vino padrino y me convenció de que no era buen negocio, así que el 22 de agosto a la tarde la vendí porque no se le rompía un vidrio a nadie.

Con lo que me dieron, ese mismo día abrí una leñería.

Hace unos días se casó el Pepe Mujica y como yo lo admiro, el padrino me consiguió una invitación y me trajo ropa para que me pusiera. Pelo cortito, engominado y peinado para atrás, camisa blanca, corbata azul marino, traje gris perla con chaleco y zapatos lustraditos.

No me dejaron entrar.

Después abrimos una agencia para hacer publicidad de cigarrillos.

La otra noche padrino me aconsejó que me alquilara un auto por una hora para dar una vuelta por Punta del Este, a ver si conseguía alguna mina y me olvidaba de los problemas.

A las dos de la mañana me subí al auto más caro de todos… doscientos dólares la hora. No me había sentado en el volante cuando tuve que seguir de largo y bajarme por la otra puerta porque justo adelantaron la hora.

Padrino me hizo hincha y socio del Club Punta del Este.

Bueno… por lo menos no desapareció del todo y se fusionó con Deportivo Maldonado.

Me convenció de comprar una casa frente al estadio de Deportivo.

Para que la cancha me quedara al lado.

La semana pasada me dijo que se venía un festival de música de jóvenes y que me convenía poner algún kiosco.

-Comida… eso se vende mucho- me dijo.

Y me mandó a Canelones a vender duraznos.

Ni un alma.

Por suerte además de ciudad también le había errado de día, así que al fin de semana siguiente me fui a Durazno a vender canelones.

Una multitud de gurises.

Conseguí el mejor lugar frente al Parque de la Hispanidad.

Me dijo que me convenía vender comida, algo de bebida y cosas relacionadas con la música.

-Nunca una sola cosa, siempre probá con varias… en distintas canastas, ¡Es por seguridaaaaad!!

Al principio los muchachos pasaban y no compraban.

Bajé el precio de los vasos de leche calentita con cocoa y de la compota de orejones.

Nada.

No vendía ni una taza.

De madrugada, cuando estaba por terminar el festival y los muchachos salían un poco alegres, resolví poner la mercadería bien adelante porque me pareció que no la veían.

Colgué las remeras de Supermerka2, Pibes Chorros y La Piba y puse en los equipos los CD de cumbia villera y reguetón.

Se acercaron enseguida.

Lograron sacarme dos tipos que pasaban por la ruta en un auto.

Se ve que les di lástima o que me los mandó padrino.

Con unos cuantos golpes en mi sector derecho -porque seguían pegándome por la ventanilla- me acomodé como pude en el asiento de atrás. Tenía la oreja derecha mordida, el ojo derecho hinchado, el cachete derecho como podrido y mi brazo y mi pierna derecha se movían dando sacudones… como temblequeos largos e incontrolables.

-Gracias señor- le dije.

No habíamos llegado a Sarandi Grande cuando me di cuenta de que el conductor era el Cotorra Loca.

Resolví hacer como que no lo conocía para que no me hicieran nada.

Pero yo soy muy distraído y además me pongo nervioso. Cuanto más cuidado pongo en no decir algo, más me traicionan los nervios y se me escapan frases como:

-¿Tiene hora don Cotorra?

Pararon el auto.

Me hicieron seña para que bajara y se ocuparon del sector izquierdo.

Con tanta esmero lo hicieron que me emparejaron bastante el cuerpo.

No me cabía un solo piñazo y los temblequeos los hacía ahora con las dos piernas y los dos brazos a la vez.

Con esfuerzo logré quedarme quietito y dejé de respirar por un rato para convencerlos de que estaba muerto.

En el Hospital de Florida depositaron en terapia intensiva una bolsa de huesos forrada de carne hinchada y piel amoratada que se movía con poco criterio.

-¿Cómo está doctor?- preguntó padrino

-Morboso- dijo el médico.

Cuando me dieron el alta se me ocurrió que con esto de la selección un buen negocio sería vender banderitas uruguayas.

Compré más de cien banderas a un mayorista y armé un kiosco.

Mi padrino me dijo que el mejor lugar para vender es la entrada al país, donde retornan los compatriotas… y me consiguió para poner un puesto, en una ciudad que se llama Gualeguaychú.

Como vi que me iba a sobrar tiempo llevé unos folletos sobre celulosa que me dieron al pasar por Fray Bentos y resolví ponerlos en una mesa para darles a los hermanos argentinos junto a una foto de Tabaré y Gargano.

Con los últimos pesos que me quedaban me compré pasaje, estadía y entradas para ir a ver a Uruguay a Australia.

-Regalá eso muchacho- dijo el Padrino- lo más seguro es que clasifique Colombia.

Y regalé todo.

¿Usted me pregunta por el padrino?

Está ahí…en el dormitorio.

En la cocina.

En el comedor…

…y en el living.

Como él me decía: “…en distintas canastas… ¡Por seguridaaaaaad!”

Oficial…¿Usted cree que con la Ley de Cárceles podré salir antes del mundial?

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