La cuestión es darse maña

La peladera es grande.

Hay que aguzar el ingenio.

Así que me levanté tempranito y me fui hasta el B.P.S. a sacar número, mientras mi hijo mayor sacaba número en el Hospital y mi mujer pedía número para sacar la cédula.

De allí, después de manguear unas cañas de pescar nos fuimos al puerto y le dimos hasta el mediodía.

Saqué 23 pejerreyes y 8 sargos, mi hijo juntó una bolsa de algas y mi mujer sacó como tres kilos de mejillones de entre las piedras.

A la vuelta pasamos por el supermercado.

-“Buen día”- le dije al guardia de seguridad levantando el paraguas. -“Por si se viene la lluvia!”- le grité y volví a sacudirle el paraguas.

-“Buen día”- saludé a una de las cajeras con el termo en alto.

La peladera es grande.

Hay que aguzar el ingenio.

Así que me levanté tempranito y me fui hasta el B.P.S. a sacar número, mientras mi hijo mayor sacaba número en el Hospital y mi mujer pedía número para sacar la cédula.

De allí, después de manguear unas cañas de pescar nos fuimos al puerto y le dimos hasta el mediodía.

Saqué 23 pejerreyes y 8 sargos, mi hijo juntó una bolsa de algas y mi mujer sacó como tres kilos de mejillones de entre las piedras.

A la vuelta pasamos por el supermercado.

-“Buen día”- le dije al guardia de seguridad levantando el paraguas. -“Por si se viene la lluvia!”- le grité y volví a sacudirle el paraguas.

-“Buen día”- saludé a una de las cajeras con el termo en alto.

Pasamos al lado de la promotora de quesos y le dimos de punta. Todavía no me explico cómo lo hacíamos, pero siempre uno de nosotros cuatro estaba primero en la cola.

De pronto escuché a mi mujer que me chistaba desde la cola de la promotora de paté.

Y allá fui…. galletita paté, galletita paté, galletita paté hasta que me atraganté.

-“¡¡Vamos –dijo mi hijo- a los yogurt!!”-. Saqué un cañito de bic, lo clavé en uno de un litro y haciendo como que leía de cerca la fecha de vencimiento me bajé un litrito de yogurt frutado.

Dejé mi paraguas viejo entre los cajones de verdura, me comí 25 aceitunas del probador y me puse un poco de desodorante.

Como no me sentía bien después de tanto entrevero le pedí al guardia para pasar al baño donde me afeité con la maquinita que había sacado de una góndola.

A esa altura los gurises ya habían comenzado con el plan 2: Parados junto a las cajas esperaban que pasaran clientes sin tarjetas de puntos: –“Disculpe señora que la moleste, veo que lleva el carro lleno y no tiene tarjeta de puntos ¿le molestaría pasar mi tarjeta?”-

Almorzamos todos juntos -en familia- con la promotora de longaniza y después nos pusimos repelente para los mosquitos.

-“¿Me das por favor medio kilo de queso colonia?”- pedí a la chica de la sección quesos.

-“Dame un trocito chiquito para probar….mmmm…..no….muy picante…Dame de aquel otro un cachito….mmmmm…..no…a ver….Dejame probar el otro, ese….el que está contra la punta… mmmmm…no… uno más magro, el de agujeros grandes…ese..”- Cuando ya me había bajado cuarto kilo de queso decidí que ninguno me gustaba. Alcancé a ver a mi mujer y a mis hijos que habían probado todos los jamones en la fiambrería.

Cambié mi termo viejo por uno nuevito y cuando nadie me veía descargué una coca adentro y llené el mate haciendo un agujerito en un paquete de yerba.

Fuimos hasta la máquina que te toma los envases vacíos. Como está ubicada justo al lado de la estantería de refrescos, pasamos mas de 25 botellas llenas y la máquina –poco inteligente- nos dio un ticket de 115 pesos.

Agarré un paraguas parecido al que tenia pero nuevito.

Me perfumé con el frasquito probador por todo el cuerpo y merendamos otra vez en familia con la promotora de mermeladas.

Antes de irme me bajé una flauta calentita y puse en el carro medio kilo de picada, tapas de empanadas, ajo, perejil y un postre.

Pagué con el ticket de envases y al irme saludé con el paraguas al guardia y con el termo a la cajera.

Conversando, conversando, y casi sin darnos cuenta nos trajimos el carrito para casa.

Ya que estábamos lo fuimos llenando de piñas que vendimos en el barrio a 50 pesos.

Pasé por el BPS y vendí el número que había sacado a la mañana en 60 pesos.

Mi mujer vendió el de la cédula en 70 y mi hijo el del hospital en 35.

Y acá estamos… cenando en familia.

Recién terminé de cocinar en el microondas que cambié por los puntos en el super.

De entrada: mejillones a la provenzal.

Primer plato: pejerreyes con buñuelos de alga.

Segundo plato: empanaditas con vino tinto.

Postre: Lemon pie…y me quedan todavía 200 pesos en el bolsillo.

Ahora…a acostarse tempranito que hay que ver qué se me ocurre para mañana.

Y bueno…la cuestión es darse maña.

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