LA NIEVE TE LA DEBO

A pedido de varios lectores, reeditamos LA NIEVE TE LA DEBO.

Yo se que a veces me dejo influenciar por la televisión.
Lo reconozco.
Pero esta vez mi mujer está errada. ¡Es una desconfiada! No cree ni en lo que está mirando.
Yo no invento nada, digo lo que veo.
A lo sumo…digo lo que ven los periodistas.

–¡Ufa, otra vez los juguetes tirados por todos lados!– escuché que gritaba mi esposa desde el comedor- ¡Pilaaaar, Gerónimoooooo! A juntar lo que tiraron. Pilar si no vas a jugar más guardá las muñecas. Gerónimo guarde las raquetas de tenis por favor, acostúmbrese a ordenar el cuarto.

–Yo guardo lo que saqué, las raquetas de tenis que las guarde papá- dijo el buchón de mi hijo.

–¿Tu padre jugando al tenis? ¡Diegooooooo! — gritó la mujer de mi vida. ¿Me querés decir desde cuando jugás al tenis, vos?

–Hola vieja, no, no estoy jugando. Dejámelas ahí, que acá traigo el alambre.

–¿El alambre?

–Sí– le dije mientras me colocaba las raquetas debajo de los pies y me las ataba con alambre. Mirá….ves… dejame agarrar de tu hombro….así….ahora les paso el alambre…ahá…por arriba…las ato biennnn…guardaaa… así… ¡mirá! Estoy casi pronto– le dije caminando como un pato.

–¿Para qué te ponés eso, Diego querido?

–¿Cómo para qué? ¡Me voy a la nieve!! Con esto puedo caminar sin hundirme en la nieve, lo vi en una película.

–Diego, mi amor, afuera no hay un miserable copito de nieve– contestó la aguafiestas.

–Ahora no hay, pero dijo la tele que dentro de un rato empieza a caer y… mirá, llevo esta zanahoria para hacer un muñeco en el jardín. De brazos le voy a poner dos ramitas y de boca un mate dado vuelta. Siempre quise hacer esto.

–¡No seas ridículo, Diego! Tus hijos te están mirando ¿Qué son esos algodones que te pusiste en las orejas?

–Son orejeras– le contesté sacándomelas para mostrárselas. Me las hice con dos pedazos de algodón y los auriculares del walkman. Está por llegar Raúl, quedamos que a las cuatro pasaba a buscarme para ir a esquiar.

–¡¡¡¿A esquiaaaaaar?!!! ¿Adónde van a esquiar?

–Primero vamos a probar en el jardín del Loma Verde, yo calculo que si empieza a nevar ahora, para la tardecita ya tiene que haber una buena pista. Espero que el casero nos dé permiso, porque seguro que esa pista se va a llenar de gente– contesté poniéndome los guantes y el pasamontañas.

–Diego, lamento desilusionarte, pero lo más parecido a nieve que ha caído en los últimos 30 años es la espumita que tiraste el otro día en el cumpleaños de tu hija.

–¡Sos una negativa Agustina, sos una negativa! El de canal cuatro dijo que empezáramos a prepararnos porque esta vez sí que va a nevar. ¡Escuchá! Es Raúl tocando bocina, voy a buscar la pala.

–¿La pala?- preguntó Agustina con cara de Lacalle tomando mate con Mujica.

–Sí, para palear la nieve y sacar el auto de la cochera. ¡Siempre esperé este momento! ¡Años y años esperando para salir con botas de montaña, orejeras y una pala para sacar la nieve que se amontonó en la puerta del garaje! ¡Voooooooy, voy Raúl!– le grité a mi amigo con la puerta apenas abierta– ¡Ojoooooo Raúl, mirá que te conozcooooo! ¡Ya sé que te escondiste atrás de las secuoyas para tirarme bolas de nieve! ¿Adónde estás? ¿Atrás del fresno? ¡Tranquilo Raúl, sé que me vas a emboscar con bolas de nieveee!

–Bolas de oro Diego, bolas de oro para mí y de plata para los chiquilines, eso me van a entregar… ¿De dónde sacaste que está nevando?

–Lo dijeron en la radio y en la tele, incluso en los diarios mostraron la nieve que cayó en Colonia. La gente tenía que echar agua en los parabrisas y se volvía a helar.

–Lo que viste en Colonia fue una helada machaza- me contestó con cara de De León recién avisado de la candidatura. Es una helada como las que he visto desde que nací, desde que nació mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo y a ellos nunca se le ocurrió prepararse para esquiar.

–Porque eran incrédulos y amargados como vos mi amor. ¡Vooooy Raúl, voooooyyyy, ojo la alberca que creo que se congeló Raúúúúl!– dije mirando las cadenas rompe hielo que Raúl le había puesto al fitito.

–¿La alberca? ¿¡¡LA ALBERCAAA!!? ¿Cadenas rompe hielo? ¿Qué están fumando, Diego? ¿Inciensos de canela?
–Prepará a los niños antes de que empiece a derretirse todo– le dije casi sin escuchar lo que me decía. ¡Mirá por la ventana! ¡El auto de Raúl quedó completamente blanco!

–El auto de Raúl fue siempre más blanco que Larrañaga con túnica, mi amor. ¿Vos desarmaste nuestra cama para algo?

–Sí, saqué dos tablas de la parrilla para hacer los esquíes ¡Mirá! ¿No me digas que no me quedaron hermosos? — le dije parándome en ellos. Me voy a impulsar con estos lampazos en la bajadita de la avenida Artigas.

–¿Qué es lo que trae tu amigo en el techo del auto?

–¡Qué hijooo de punta! ¡¡No te puedo creer!! ¡Mirá los esquíes que se hizo con tablas de quince! ¡¡¡¡Raúúúúl, ya voy Raúl!!! ¡¡Ya voy, estoy buscando el serrucho!!

–¿Para qué querés el serrucho? ¿Vas a hacerte esquíes como los de tu amigo?

–No, Agustina. Parece que vivieras en el tercer mundo. ¡¡Este es el nuevo Uruguay!!
¡¡¿Querías cambios?!! ¡Tomá cambios!! ¡Nieveeeeeee! ¡Nieveeeee como en los países de verdad! Ahora vamos a ganar medallas en los deportes de inviernos. Hemos estado viviendo equivocados, Agustina. ¡Lo nuestro era el alpinismo, el hockey sobre hielo y el patinaje de velocidad! ¡Qué maravilla! ¡La nieve cayendo sobre una camiseta celeste! ¡Cayendo sobre un tamboril! ¿Te imaginás bajar esquiando por Carlos María Ramírez? ¿Te imaginas subir por los teleféricos y los funiculares al Cerro San Antonio y bajar raudo por la ladera?

–Raudo por la heladera. En el único lugar de este país que hay hielo es en la heladera– me contestó la amargada de mi mujer– No me dijiste para qué querés el serrucho.

–¿Cómo para qué? Si mis cálculos y los de la televisión son correctos, la cuneta grande de la esquina ya está congelada. ¡Vamos a hacer un agujero– dije moviendo el serrucho con la punta hacia abajo– vamos a hacer un círculo, un redondel perfecto! ¡Válgame Dios! ¡He esperado toda una vida para que llegara este momento! ¡Llévame Dios mañana, a la hora que quieraaas!! — grité mirando hacia el techo–¡Moriré en paz luego de hacer el redondel en el hielo! Es lo único que me queda hacer en la vida. ¡Lo he visto una y otra vez en el cine! Cortaré un redondel perfecto, sin compás, arrodillado en el hielo…

–Te estás babeando, Diego.

– Y me voy a acordar de hacer el círculo sin pararme sobre él, porque en los dibujitos animados siempre se caen al agua. Y voy a tirar la tanza con el anzuelo para abajo, y sentadito voy a sacar unas truchas…

–¿Unas truchas? Si enganchás un zapato viejo salís en los diarios ¡No hay truchas en las cunetas del Uruguay, Diego! ¡Convencete, no hay círculo, no hay nieve, no hay hielo, no podés creer todo lo que te dice la prensa! ¡Dejá esa cuchillaaaa, Diego! ¿Qué me querés hacer?!– dijo mi mujer con cara de Villar dando las policiales.

–Unos patines vieja. Mirá… los pego con la gotita en la suela de las botas y podemos ir a patinar al parque de la mano, como cuando éramos novios y patinábamos entre los robles y los abetos. ¡Vivaaaaaa! ¡¡Vivaaaa la nieve!! ¡Uruguay nomá!

–Estás drogado, Diego. Nunca patinamos entre los abetos. Estás confundiendo tus recuerdos personales con las películas que viste. ¡Esto es Uruguay!! ¿Qué le hiciste a los perros, Diego?

–Les puse unas ramas de acacia en la cabeza y los voy a atar a la chata de Jerónimo. ¡¡Jo-jo-joooooo! ¡Voy a pasear en trineo apenas termine de nevar!

–¡Para que termine de nevar tiene que empezar! Te pregunto por el Sultán ¿qué le pusiste al Sultán?

–¿Eso que le colgué del cuello? Le iba a poner una barrilito con coñac como a los San Bernardo pero como no conseguí le até una botella de Jane con vino blanco. Vamos vieja, vamos a ver el Perito Moreno.

–El Pedrito Moreno querrás ver ¿te costará mucho convencerte de que no está nevando Diego?

–¡Está, síííííííí, está nevando!!!! No quiero escucharte nunca más diciendo eso. ¡Todos tienen nieve! ¡¡¡Hasta los argentinos tienen nieve!!!! No me voy a resignar Agustina, no me voy a resignar. No soporto una nueva frustración. Estamos quedando afuera del mundial, no llegamos a la final de la Libertadores, en basquetbol y en ciclismo no le ganamos a nadie ¡Este país no soporta más frustraciones! ¡¡¡Escuchame bien: Somalia y Madagascar tienen nieve, Buenos Aires tiene nieveeeee!!!
Esperamos los tornados… nada.
Esperamos la epidemia de cólera…nada
Esperamos la epidemia de dengue… nada.
La gripe porcina iba matar a medio Uruguay…nada
¿Y ahora esto?
No se puede jugar con el morbo inocente de la gente, Agustina.
No quiero escucharte más. Me voy a sacar la nieve del tejado.

–Pero no nieva, Diego.

–Atendeme Agustina, afuera hay 5 grados bajo cero y un viento de 8 nudos.

–Desatalo. Desatalo porque eso no es nieve.

–¡Afuera hay esquí alpino y esquí nórdico!

–¡Pero no hay nieve!

—¡¡¡Noooooo!!! No quiero escuchar eso– dije tapándome las orejas con ambas manos. La sensación térmica en este momento es que está nevando. ¿Entendés? ¿Escuchaste hablar de sensación térmica? ¿Viste que hay una diferencia entre lo que es y lo que parece ser?
¡¡¡Bueno… en este momento la sensación térmica es de nevada!!!
Aunque no la veas, la nieve está ahí afuera. Los de la televisión casi casi casi la filmaron. ¡¡Ya vooooooy Raúl!! ¡Ojo que puede haber osos, Raúúúúl! ¿Entendés lo que te quiero decir? Lo único que falta para que nieve… es la nieve. Nada más.

–Me parece que estás rayado, Dieguito.

–Como quieras Miss Pesimismo, como quieras. Para no molestarte más con este tema, me voy de casa por unos días.

–¿Adónde vas?

–Al iglú de Raúl.

–Cuidate viejo.

–Me cuido. Pero te aviso: si llega a caer una esquimal al iglú de Raúl, le hago nariz con nariz y no sé si vuelvo. ¡No podés ser tan negativa!– le dije y emocionado salí a la calle, casi, casi, casi pisando la nieve.

Marciano Durán

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