MANUAL DEL BUEN PELADO

A todos les va a tocar.
Tarde o temprano les va a tocar.
O te quedás pelado vos, o se queda pelado tu padre, o tu primo o tu hermano.
Todos tenemos un pelado en nuestro futuro.
Y visto y considerando que ya pasé por esta experiencia, se me ocurre que como servicio a la comunidad no estaría mal prepararle el camino a los que van llegando.
Es cierto… lo mío fue muy abrupto, muy de golpe, muy sin aviso, pero en última instancia el resultado es el mismo.
Como vi que se caía…lo ayudé.
Pasé a ser parte del asunto.
Me involucré en la caída.
¿Qué diferencia hay?
La misma que en el omelet de jamón.
Lo contaba Leandro en la presentación de “Crónicas marcianas y uruguayas”.
Una cosa es participar de la calvicie y otra es involucrarse.
Leandro decía que en la receta del omelet de jamón preparado con huevos de gallina y jamón, en su elaboración la gallina participa, mientras que el cerdo se involucra.
En otras palabras… me queda claro que si algún día me mandan a la guerra, cuando vea que vamos perdiendo me paso con el enemigo.
Eso hice.
Vi que se venía la calvicie y le gané de mano.
Me rapé de punta a punta.
Me saqué mi larga, negra y lacia cabellera.
¡Y ahora soy un pelado!
¡No puedo creerlo!
Eso sí…debo pedir perdón a los pelados.
Recién llego a un lugar que estaba lleno y ya estoy dando consejos.
Es de agrandado.

Primera advertencia: Los pelados somos agrandados, no mucho, pero somos agrandados.

Es que por algún lado hay que compensar.
Prestá atención, cuando veas caminar por la vereda a cuatro personas y frente a ellos aparezca un cartel colgando, el único que se agacha para no pegarse en la cabeza es el petiso.
De agrandado.
Lo que le falta, él mismo se lo pone.
Y a nosotros nos pasan cosas parecidas.

Otro aviso: hay espíritu de grupo.
Acabo de llegar y ya hablo de mis compañeros pelados.
Son mis iguales, aunque voten distinto y griten otros goles.
Les veo brillar la calva desde lejos y los saludo aunque no los conozca.
De cualquier manera no ha sido fácil.
Porque fue de golpe.
¡Imaginate que pesás 70 kilos y un lunes te despertás con 120 kilos!
¡Imaginate que te sacas una barba que usaste durante 30 años!
De golpe pasás a ser distinto.
Pero no distinto a los demás, distinto a vos mismo.
Es algo rarísimo.
Porque no sólo te ven distinto los otros, vos mismo no te reconocés al espejo.
Es como si alguien se hubiera apoderado de vos, es como si otra persona decidiera lavarse los dientes en tu propio baño. Sos la versión calva de Linda Blair en “El Exorcista”.
Tiene tu voz, tiene tus ojos, usa tu camisa, agarra tu cepillo…pero no sos vos.
Por ahí anda la cosa.

Primer consejo para los futuros calvos: Escuchá atentamente a los que te quieren mucho y desconfiá de los que quieren quedar bien con juicios ambiguos.
Mi historia fue así: salí de casa, me senté en el sillón del peluquero y le dije:
–Esta es la última vez que te vengo a ver.
El tipo pensó que como se me caía el pelo me iba a suicidar.
–Pensalo- me dijo–. No hagas locuras.
–Ya lo pensé–le dije– rapame. Tengo más entradas que el Conrad. Más vale ser un pelado digno y al contado que sufrir una calvicie en cómodas cuotas mensuales.
Y volví a casa.
–¡Hay un pelado tocando timbre!- gritó mi hija menor después de vichar por la mirilla.
–No abras por las dudas- escuché que decía mi mujer–. Y menos ahora que no está tu padre, que por más que sea jodido, algo ayuda.

Segunda advertencia para futuros calvos: Ya no volverán a confundirte con alguien parecido a vos. Sólo te confundirán con otro calvo.
La cena fue larga.
Mis hijos pinchaban con el tenedor y de reojo miraban la calva que amanecía.
La mayoría de las veces le erraban a las moñitas y un par de veces le erraron al plato.
Nadie arriesgaba una opinión.
Mi mujer trataba de no mirar mucho, pero todo el mundo sabe que eso es peor.
Es como ese lunar grandote que tiene el tipo que está enfrente a vos y que vos decidís no mirarle. Y los ojos se te van solos, hasta que llega un momento en que te das cuenta de que a pesar de habértelo advertido vos mismo, lo único que mirás… es el lunar.
No es un tipo con un lunar adelante, es un lunar con un tipo atrás.
Y dejás de atender lo que te dice mientras te repetís una y otra vez “¡nooo, no le mires el lunar con pelos!” y de golpe…lo único que ves es un enorme lunar con pantalones, sentado frente a vos.
¿Todo por qué?
Por proponerte ser condescendiente con el lunar, en vez de serlo con el tipo.
Y fue mi nieta de cinco años la que -una vez más- dio la lección.
Se encerró en el dormitorio, lloró en silencio y no me permitió entrar a explicarle.
Sintió que alguien le había cambiado al abuelo; que a pesar de tener la misma cara, los mismos gestos y hasta la misma risa, tenía otra cáscara.
–¡No abuelo, no entres!– dijo mientras yo la adivinaba acostada, boca abajo, con su carita apoyada en la almohada.
Y lloró un rato sin salir del dormitorio ni dejar que nadie entrara.
Al rato pasó rauda para la cocina donde estaba la abuela.
Miró de reojo y taloneó.
A la vuelta de su excursión a la cocina y camino al dormitorio miró una vez más de reojo y apuró el paso.
Repitió el trayecto dos veces más, segura de que no la veían porque todos estaban ocupados en disimular que me faltaba algo en la cabeza.
Al tercer viaje se me acercó, se paró junto a mi silla, colocó su manita en mi rodilla derecha, se secó la última lágrima chiquita que le quedaba y con voz temblorosa me dijo:
–Abuelito…
–¿Qué, mi amor?
–… ya me acostumbré.

Fue en ese momento que me di cuenta de que con cinco años se le estaba adelantando al resto de las personas con las que me iba a encontrar.
Su proceso había sido rápido, limpio, auténtico, claro y hasta expresado en voz alta.
De eso se trataba: tendrían que llorar un ratito, elaborar el duelo, acostumbrarse y sin necesidad de tocarme la rodilla, entenderme.
Claro, para los niños es más fácil, ellos son más maduros que los adultos maduros.
Me sirvió para entender que al raparme les había pasado el problema a los demás.
Desde ese día dejé de ser consciente de mi calvicie.
Cuando hablo con otra persona no estoy pensando si tengo pelo o no tengo.
¡Pero el otro sí!
El otro empieza a sufrir el síndrome del lunar.
¡Pobre! ¡Su problema es que me falta pelo!

De a poco fui sobrellevando la relación en familia.
Me costó un poco entender que mi mujer se estaba acostando con un pelado.
No conseguía al principio reconocerme acostado con la bruja y menos aún verla acostada con un calvo.
Era como si me engañara con otro que era yo mismo.
Pero se fue solucionando.
Tenía algo de fantasía sexual.
El otro paso difícil fue a la mañana.
Levantarme y encontrarme de golpe conmigo mismo en el botiquín.
El primer día medio dormido, me saludé sin querer.
–¡Oh! perdón –dije y amagué a salir, pensando que había un tipo en mi baño.
Después me fui a acostumbrando.

Noticia: ¡Qué rápido se bañan los calvos!
Al dejar de lavarme la cabeza, el baño empezó a limitarse a unos pocos minutos. Descubrí que el tiempo se lo llevaba el shampoo, el enjuague, el lavado, el secado con toalla, el peinado, etc, etc.
Menos tiempo y más barato.
¿Otra cosa rara?
El clima.

Advertencia II: Se te enfría y se te moja la bocha
El frío en la cabeza y la primera lluvia en la calva me sorprendieron. Pensé que ya no me quedaban experiencias nuevas para afrontar, pero apareció esta de mojarme las ideas cuando llueve.
–Tenés una linda forma en el cráneo– te dicen y es algo así como decirte “Menos mal que no tenés una cabeza con forma de berenjena o de zapallito de tronco”. “No te queda tan mal, es cuestión de acostumbrarse”. “La ventaja es que te vas a morir sin haber tenido canas”.
Claro, hay que entenderlos, no todos tienen la madurez de tu nieto para asumir y elaborar pérdidas ajenas.

Más información: Te sentirás acorralado.
Descubrirás que en esta sociedad el pelo es un valor.
Verás –uno atrás de otro– los avisos en la tele con el cabello negro cayendo como si fueran hilos de seda empetrolados, verás la cabellera rubia en cámara lenta encandilándote como un sol a domicilio.
Y empezarás a encontrar ofertas de shampoo por todos lados.
Mi mujer dice que siempre estuvieron ahí, sin embargo yo estoy seguro de que alguien las pone en los estantes de los supermercados cuando me ven entrar.
Verás que te ofrecen enjuague para el pelo hasta en los ómnibus.
Las promotoras de los semáforos, si les agarrás el shampoo de regenerador anti-quiebre te querrán regalar un televisor de plasma.
Por teléfono te venderán un enjuague con ceramidas, control caída, con una moto de agua de regalo.
Dicen que los que sólo tienen un martillo a todo le ven forma de clavo.
Vos a todo le sentirás olor a shampoo de manzana con placenta del tortuga.

Otro mensaje : Serás un mojón para muchos.
Vas a ser referencia en las colas y en las multitudes.
La gente dirá:
“Allá, al lado del pelado”.
“Del pelado, dos para atrás”.
“Entre el pelado y la gorda”.
Y escucharás chistes como “¿te pelaron a la conga?” “¡Pah, qué viento! ¿Se te volaron las chapas?” “Hola, cabeza descalza” “Buen día, cabeza de rodilla” y todas esas genialidades que se les ocurren a los tipos grandes.

Por último… los pelados no son sexualmente más atractivos que los demás.
Falso, esto que acabo de escribir es falso.
Dejé este tema para el final porque sé que mi mujer no se banca leer todas las estupideces que escribo.
Generalmente deja de leer por la mitad.
Así que como estoy seguro de que no está leyendo, lo confieso y me la juego: ¡El arrastre es increíble! Los pelados tenemos algo especial.
Sin ir más lejos, el otro día cuando fui a…no, eehh… vieja ¿no estarás leyendo esta parte, no?

Marciano Durán
Abril 2007

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