MICROFONOS EN CASA DEL DIPUTADO

–Vieja… ¿Vos no escuchaste un ruido?

–Sí, han de ser los chiquilines, Luis.

–¡”Chiquilines” las p…elículas! Los niños se durmieron hace rato.

–¿No serán ladrones?

–Voy a ver… ¡Escuchá! El ruido viene de mi escritorio ¡Mirá, hay una luz prendida!

–Shhhhh… despacio. Pueden estar armados. Mejor llamamos a la policía.

–Dejame vichar, abro apenitas la puerta, vicho para adent…¡¡Pe-pe-pe-ro! ¡Si es mi colega Daniel!

–Ehhh, esteee, ejem… buenas noches Luis ¿Qué tal, señora? ¿Cómo están?

–¿Necesitabas algo, Daniel?

–Eeeeh….no, es decir, sí. En realidad yo estaba en el Palacio y… eeeeeh, se me ocurrió pasar a saludarte.

–¿Y porqué no tocaste timbre?

—Noooo…por no molestarte. Yo sé que a esta hora siempre mirás El Gran Hermano.

–¿Por dónde entraste?

–Por la ventana, la tuve que forzar…pero apenitas.

–¿Y las rejas?

–Las corté un poquito, las limé cuanto cuanto, las del medio nada más, si querés después te las sueldo.

–¡Qué estás haciendo con mi agenda?

–Nada, nada. Eeeeeh, estaba buscando el número del parlamento ¿Cómo lo busco?

–Por la “P”….pero, ¿qué tenés en ese bolso? ¿Esas no son mis carpetas?

–¡No! Digo…sí. Yo mañana te las devuelvo, lo que pasa es que…que…que ¡qué linda letra que tenés!

–Sí, y la hago con una mano sola, pero no te entiendo, Daniel.

— No….lo que pasa es que…quería practicar tu firma. Y hablando de eso ¿no me darías un autógrafo?

–¿En una hoja en blanco?

–¡¡Daaaale, no vas a desconfiar de un colega. Es para ver si me sale tu firma.

–¿¡Mi firmaaaaaa!?

–Pseee… porque hay pila de veces en la cámara que tenemos que presentar un proyecto firmado por todos y no me gusta joderte.

–Eso que enchufaste ahí… ¿es una fotocopiadora?

–No. Digo…sí. No, no. Es decir, sí, pero no es en colores. Es para hacer unas fotocopias de la revista del cable, porque a mi no me la mandaron.

–¿Vos me estás sacando fotos con el celular, Daniel?

–¡Ah, sí, perdoná! Es para el carné del partido.

–¿No querés mejor que te dé una foto mía?

-No, no, no. Está bien… yo cualquier cosa que precise, paso mañana a levantar una.

–Pero mañana nosotros nos vamos para Tacuarembó.

–Tá, no te calentés. Yo las ubico. Las guardás en aquel estante ¿no?

–No. Están en… ¡pero! ¿Qué es eso que está ahí arriba?

–¿Dónde, Luis? No sé a que te referís.

–A esa cámara de video instalada junto al reloj de pared.

–¡Aaah! ¿Vos decís la cámara de video?

–¡¡¡Sííííí, la cámaraaaaa de videoooo!!!

–Es para la… es una cámara para el…. eeeeh… yo te la puse ahí para cuidar que no te afanen nada. Yo miro desde casa por si te entran ladrones. Si llegan a entrar llamo a la policía.

–¡Pues hubieras llamado, porque me falta la computadora!

–No, no. La computadora me la llevé para hacerle un service porque estaba lentísima. Creo que tenía un virus.

–Daniel, ¿te puedo hacer una pregunta? No te molestes, ¿no?

–Sí, por supuesto Luis, preguntá lo que quieras.

–¿Vos no me estarás espiando, no?

–¡¡Vos sos loco Luisito!! ¡A un correligionario nunca, Luisito!

–Disculpame, Daniel, es que a veces… soy un mal pensado.

Marciano Durán
2007 – Marzo

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