TESTAMENTO DEL PRIMER TIEMPO

Les dejo el disfrute inigualable de correr seis kilómetros cada mañana, de cara al mar, de frente a la vida, de espaldas a nadie. Ese estupendo y único suceso cotidiano que permite estar solo, con uno mismo, sin mochilas ni bolsos, desprovisto de pesos, repasando la vida, proyectando los días.

Les dejo el sentido común a la hora de los primeros juicios. Está usado -es cierto- pero no se agota, crece con el uso, adquiere nuevas formas y permite caminar mejor entre la gente. (Igualmente no es conveniente usarlo en todas las ocasiones)

Les dejo la felicidad del momento, la diaria, la que solo se puede disfrutar cuando llegamos a reconocerla. Les dejo la posibilidad cierta de encontrar, ubicar, y disfrutar la felicidad en la lluvia sobre un techo de chapas, en el olor de la madreselva, en una mano apretada, en un mate compartido o en un cielo estrellado.

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