SIETE LETRAS

“Gracias San Cono por los favores recibidos. R.A.”

Al principio el aviso en el diario pasó desapercibido.

Es más… a nadie se le ocurrió relacionarlo con el fútbol, ni siquiera a Morena.

De hecho…Fernando Morena no quiso leer los diarios del domingo.

Tampoco miró la televisión ni escuchó la radio.

El golpe había sido muy fuerte.

Las llamadas telefónicas se dividían entre los que insultaban y los que apoyaban incondicionalmente. Una a una iban quedando en el contestador del teléfono para que a la noche las escuchara:

“… Aguante Potrillo, usted es lo más grande que le ha pasado a Peñarol…clic”

“… Nando, no pasa nada Nando, hay que seguir…. clic”

“… Andate hermano, vos y todos los pecho frío que dirigís … clic”

“… Fuerza Fernando, te habla Cacho… no te bajoniés, vamo arriba hermano …clic” “… Morena, ¿por qué no te vas a la rep.. …clic”

“… Fer, te habla Tina, no te olvides de alcanzarme lo que te pedí….clic”

“…Gracias San Cono, gracias Vicenta por los favores recibidos, se hizo justicia, esperé mucho tiempo, pero finalmente llego el día….R.A.”

Este último mensaje le hizo rebobinar el casete y volver a escucharlo.

La voz era de un hombre que parecía tener unos 50 años y reproducía casi el mismo texto de los clasificados.

Fernando preguntó a su mujer si conocía alguna persona con las iniciales R.A.

–¿Ruben Abadie?

–No– dijo su esposo—otro.

–¿Richard Acosta?

–No. Otro.

–¡Ruben Alzueta! – dijo su mujer tratando de cambiar de tema.

Morena no durmió bien esa noche. Soñó, se despertó, se levantó, se volvió a dormir y una pesadilla lo persiguió toda la madrugada: una letra R y una letra A lo seguían por un camino al borde de un precipicio tratando de empujarlo.

Se despertó sobresaltado y transpirando.

Se sentó en la cama de golpe y gritó todavía dormido:

–¡Nooooo! ¡Nooooo! ¡Roberto Ayala noooo!

–Tranquilizate Fernando — dijo su mujer—estás soñando… ya está… está todo bien, tratá de dormir.

A la mañana siguiente, el primer correo electrónico en llegar a su computadora, traía la misma firma y el texto era más intrigante aún:

“Pasaron muchos años. El trabajo lo hizo alguien que sabe de esto. Le agradezco a San Cono y a Doña Vicenta la curandera de mi barrio” R.A.

La esposa de Morena aprovechó la ocasión para contarle lo que había visto unos días atrás:

–El viernes, cuando iba al super vi que había 7 velas prendidas frente a la cochera. En el costadito del muro, al lado del paraíso. Había también una foto tuya con 7 alfileres y una cartita que decía: “7 goles, 7 letras.”

–Es una estupidez– dijo Morena—no estoy dispuesto a creer en ese tipo de supersticiones.

–Por supuesto, Fernando….pero alguien se tomó el trabajo de prender siete velas y pinchar tu foto. Suena el teléfono, yo atiendo.

–No. Dejame a mí . Hola ¿quién habla?

Una voz que no pudo reconocer, dijo con firmeza:

–Habla R.A. De Florida llegan noticias para Peñarol, porque Florida tiene 7 letras y Peñarol también.

–¿Quién es? ¿Qué necesita? ¿Por qué hace esto?

–Porque hace exactamente 29 años– dijo la voz sin titubear –un día como el del sábado de hace 29 años, nos vimos vos y yo en el Estadio Centenario. Ese día quedó marcado para ambos. Por razones exactamente opuestas.

–¿Quién habla? — preguntó más nervioso aún Morena.

–R.A. De Huracán , porque Huracán tiene 7 letras. R.A., Ramón Alanís, el golero de Huracán Buceo al que le hiciste 7 goles un día como el del sábado de 1976.

Para más datos, floridense… como Gerardo, de 7 letras; como Pelusso, de 7 letras; como Danubio, de 7 letras; como San Cono, de 7 letras y como Vicenta -la curandera- de 7 letras; como los goles que me hiciste esa tarde, como los que te comiste el sábado.”

“Gracias San Cono, gracias Vicenta por los favores recibidos.”

Marciano Durán

2005 Noviembre

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