UNA DOCENA DE COSAS QUE ME REVIENTAN DE LOS CELULARES

Antes y primero: los celulares mejoraron muchos aspectos de mi vida.
Digo esto porque en unos segundos voy a pegarles con un martillo y no debe haber confusión.
Sucede que … “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa” (frase que el filósofo José Calderón Castillo de México le afanó a su colega uruguayo Alberto Kesman)

Solo a título de ejemplo, sin intenciones de agotar la lista…acá van 12 cosas que me revientan de los celulares:

1)Los que me timbran para que los llame yo.

Esta es bien familiar.
Los nenes no tienen cómputos, los nenes no tienen tarjeta, los nenes no tienen minutos.
¡Los nenes no tienen vergüenza!
–Esa es la nena. Llamala, viejo- te dice tu mujer que aprendió a diferenciar el timbrazo de la hija del de la hermana.
Y como si eso no fuera suficiente, la nena desarrolló una extraña habilidad que le permite cortar en el momento justo en que vos vas a atender.
No hay explicación científica, a veces te lo timbran 3 veces y otras 16… pero siempre cortan en el momento en que vos vas a contestar.
Pregunto: ¿Para qué quieren un aparato tan caro, con tantas funciones, con MP3, con fotos y todo eso si ni siquiera tienen un mango para hacer una llamadita?
¡Qué piolas que son!
Ellos no tienen un celular.
Ellos tienen un timbrecito con celular anexado (el nuestro).
Mirá. Hacé una cosa, devolvelo que yo te compro una bocina, una bandera, una campana grande o cualquier cosa que sirva para llamarme.
Es algo así como:
— Papá, me compré un auto.
–Bien, sacá a pasear a la abuela.
–No, sólo funciona con vos adentro.

2)Los que ponen al Topo Giggio, a los Chalchaleros o a Darío Víttori en vez de un timbre.

Ellos creen que la música escuchada a través del diminuto parlante del celular es lo mejor que les puede pasar… y pretenden demostrar originalidad a través de sus ringtones.
“La despedida de Asaltantes de 1825”, Homero Simpson gritando: “Me llaman del Bar de Moeeee”, el ruido que hacían las botellas de Conaprole , Carlos Bueno quejándose al juez con la boca cerrada, Doménico Modugno recitando en salto de cama “Yo necesito de ti como la barca necesita el mar para poder navegar, la primavera necesita el sol para poder florecer ,la mariposa la flor,… mas cóóóóómo has hecho, hacer de ésta, mi vida algo muy tuuuuuyo , primera vez que digo ciertamente….¡te quieroooo tantoooooooo!”

Ellos están desesperados para que todos sepamos cuál es la música que les gusta. Entonces en vez de atender enseguida, te dejan sonar la cumbiamba una y otra vez para que nosotros la escuchemos toda, toda, enterita.

–Flaco, no te enojes, pero tu celular empezó a sonar en Las Piedras y estamos pasando Sarandí Grande. Ya lo escuchamos todos en el ómnibus. ¿No podrías ponerle un timbre o alguna excentricidad parecida para la próxima vez que te suene?

–Señora, disculpe… ¿falta mucho para que termine Desiderata?

3)Los que me mandan mensajes de texto

Yo no me compré un teletexto.
Me compré un teléfono sin cables.
Yo sé que soy medio tarado, lo reconozco.
No sé mandar mensajes y no quiero saber. Por lo tanto no quiero leer los mensajes que me llegan.
¿Cómo te lo puedo explicar sin tener que tirarme al piso o subirme al techo para que me entiendas?
No es tan difícil lo que te quiero decir.
¡No quiero mandar mensajes de texto!
No es que no pueda, es que no me interesa.
Si querés te mando una carta y te lo explico por escrito, ya que veo que le das mucha importancia a la literatura.
Quiero hablar personalmente con vos y en caso de que no pueda (si no hay más remedio) entonces hablamos por teléfono, pero no quiero contarte nada a través de esa Olivetti en miniatura.
Sí, ya sé que es casi un capricho de viejo.
Pero sucede que he resuelto elegir la forma de comunicarme con el mundo.
Se necesitan dos para comunicarse y si uno (yo) resuelve no salir de la cueva…sonaste.

4) Los que te mandan un mensaje de texto que dice: LLAMAME

¡Ah…me viste cara de estúpido!
Esta no es interfamiliar, esta es de ajenos a la familia.
¡¡¡¿Llamame?!!!
Y vos como un gil llamás (por las dudas que el tipo tenga algo urgente para decirte de tus viejos o de tu mujer).

–¿Me pediste que te llamara?
–Sí– te dice el tipo con total desparpajo, disculpame pero justo me quedé sin cómputos ¿Vos no tendrás ahí el teléfono de la sicóloga de la que me hablaste el otro día?

No, hermano, vos no precisás sicóloga, vos estás clarito.

5) Los mensajes que te llegan a cualquier hora

Cuatro de la mañana.
Por fin se durmió la bebé.
Se ve que está con gases.
Tu mujer estuvo paseándola y vos no dormías por acompañarla solidariamente desde la cama. Ya pasó el degenerado del caño de escape recortado que hace novia en la esquina hasta las 3 y 17 minutos de la madrugada.
La mujer del apartamento de al lado ya corrió el ropero y la cómoda.
El tipo de arriba terminó la clase de malambo que le dan a las 3 y 38.
¡¡Ahora sí!!
¡A dooooormir… que un rato hay que laburar!
¡A DORMIR LAS LARAIRAAAA!
Falta el mensaje de texto que suena justo en la frecuencia en que nació tu nena.
¡Los hijos de mil teclas te envían un mensaje de texto a las cuatro de la mañana para ofrecerte entradas para ver al Peluca Valdés!

6) Los que reciben un mensaje de texto y enseguida te piden tu celular.

Esos se ganan todos los premios.
La palabra “escrúpulos” la escucharon una vez cuando eran chicos.
Están conversando con vos, les suena el celular, vos los mirás, pero ellos no se dan cuenta porque han caído en su “burbujacelular”.
La “burbujacelular” es el estado en el que cae la gente que cree que el mundo se congela mientras hablan, leen o escuchan en su celular.
Vos ves que el tipo mira la pantallita, lee algo y como si vos hubieras estado hecho una estatua en los últimos segundos te dice:

–Negrito… ¿No me permitís hacer una llamadita cortita de tu celular?

Diminutivo… mucho diminutivo.
Negrito.
Llamadita.
Cortita.
¡Aaaah no!
¡Nooo, crapulito, nooo!

–¿Una llamadita?

–Sí, cortita, porque me quedé sin minutos.

–Entonces si no tenés minutos no tenés vida, hermano. ¡Comprate una vida con más minutos o no recibas mensajes!

7) Los que mandan mensajes y no firman.

Pero… ¿quiénes se creen que son?
¿Piensan que les vas a conocer la letra?
Y ni hablar de los que le erran el dedazo y te mandan un correo equivocado:

“Falleció. Fue todo muy rápido, no pudimos avisarte”.
Y vos tenés unos minutos de tres horas cada uno para hacerte la croqueta y matar a todos los familiares que no alcanzás a ver desde tu silla en ese momento.

“Lo de anoche fue inolvidable, quiero verte otra vez. Luli”
Y a vos no te dan los dedos para borrarlo antes de que lo encuentre tu mujer.

(Nota del autor de este artículo: “¿Viste vieja lo que te decía el otro día? Es muy común esto de recibir mensajes equivocados. ¡Pará! ¡No voy a escribir toda una crónica solo para justificar el mensaje ese que encontraste el martes! ¡No seas mala! ¡Estás cada día más paranoica! ¡Ma sí, pensá lo que quieras!”)

Perdón…sigo:

8) Los que cortan todo para atender el celular

Vos venís conversando lo más bien.
Estás en lo mejor de la conversación.
Le estás contando en confianza ese problema tan grave que tuviste.

–Suerte que te tengo a vos, Cacho para hablarlo. El tema fue así, me llaman de la policía y me dicen…

Y le suena el celular.
El tipo ni siquiera hace una seña como “aguantame un cachito o ya sigo con vos”.
El tipo te corta el rostro, se para y se va a conversar a un costado, al baño más próximo o al patio bajo la lluvia.
Lo único que te queda es dejarle una esquelita en la mesa:

–Gracias Cacho, en todo caso te llamo mañana, te lo cuento por celular y que se suicide el que esté conversando con vos.

9) Los que se muestran mutuamente sus nuevos modelos

Y sacan, y pelan y muestran a ver quién lo tiene más chico.
Y éste te despierta sin que se lo pidas, éste te saca fotos pero por dentro, éste te vibra cuando descubren un nuevo planeta, éste te manda un correo de Greenpeace si hay un pingüino empetrolado cerca de tu casa.

10) Los que empiezan a hablar donde no los ves

Por ejemplo en el asiento de atrás de tu auto.
Arrancan a hablar sin avisarte que agarraron el celular.

–¿Andás bien?– dicen.
Y vos le contestás un poco asombrado porque había quedado claro que andás bien.

–Sí, de salud bien, el otro día me…

–Bueno, mandame una fotocopia con tu pibe. OK, después te llamo, en todo caso mañana…
Válido para el dentista parado a tu espalda, el que está sentado atrás tuyo en la tribuna, el que te habla desde la cocina o el que te adelanta caminando por la calle y te hace dar vuelta como una idiota contestando a un “hola” que no era para vos.

11) Los que gritan para contestar y te meten en una conversación que no te interesa.

Lugar típico: el ómnibus.
En realidad la lista de lugares es interminable.
El tipo habla y grita como si vos no existieras (ha ingresado en “la burbujacelular”)
En unos segundos te enterás lo durita que hizo la caca el nene, cuánto IVA piensa declarar, cuándo fue la última vez que se le paró el reloj, cuántos lavajes le hicieron al abuelo, cómo le sigue ardiendo al orinar… hasta que finalmente le pedís que pare, porque va camino a decir donde escondió el cadáver y el que termina en cana por encubrimiento sos vos.

12) Los que te explican cómo cambiaron el modelo porque no tenían otra posibilidad.

Están contra los celulares.
Les molestan.
Su frase preferida es: “lo uso solamente como una herramienta de trabajo”.
No se bancan a los que cambian de modelo cada dos meses.
Dicen que solo reciben llamadas y que este “modelito viejo lo tengo desde que salieron”.

–Primero… el viejo ladrillo, después éste y no pienso cambiar.
¡Y te aparecen con el nuevo modelo con video cámara!
No te lo andan mostrando…pero te lo muestran.

–Fui a que me arreglaran el otro porque se me cayó al inodoro y… ¡no lo vas a creer! me salía más caro arreglar el viejo que traer éste.

–Al sobrino del concuñado de mi madrina le vendieron uno y le entregaron dos por uno.

–No tuve más remedio. La chica me dijo que la promoción terminaba justo el día que fui. Era ahí o nunca y me regalaban 73 minutos y una funda de cuerina. A su vez el viejo se lo paso al nene. Yo no lo hubiera cambiado.

Ahí están -señoras y señores- los celulares que llegaron a cambiar nuestra pacífica y ordenada convivencia.
Ahí están los diabólicos y peligrosos artefactos portátiles.
¡Me da una bronca que esos aparatos hipócritas, maleducados y entrometidos hayan venido a cambiarnos la vida!
¡Justo a nosotros… tan ubicados, tan criteriosos!

Marciano Durán
Julio- 2008

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